CASTILLO DE KUKULKÁN, CHICHÉN ITZÁ
MÉRIDA, YUCATÁN

Fotografía: Guillermo Aldana, Archivo Mexicano de Imágenes.

   La zona arqueológica de Chichén Itzá se encuentra a 120 kilómetros de Mérida, capital del estado de Yucatán. El nombre de Chichén Itzá significa “La ciudad al borde del pozo de los itzáes”. Fue la capital regional más importante del área maya en los años 750 a 1200 d.C. Su arquitectura muestra el contacto que existió entre los distintos grupos de Mesoamérica. El juego de pelota es el más representativo, por sus relieves esculpidos, muestra imágenes de la ceremonia ritual del juego.
   Chichén Itzá se asienta sobre una gran nivelación, que consiste en una plataforma de 6 kilómetros cuadrados con una muralla de mampostería de 2 m de alto por 1.90 m de ancho. Esta nivelación es el eje de una vasta red de calzadas (sacbés); la más importante de ellas es la que conduce al Cenote Sagrado, famoso por las leyendas que ha inspirado en relación con los sacrificios de doncellas mayas en honor de Chaac, dios de la lluvia.
  Entre 415 y 435 d.C comienza el establecimiento de Chichén Itzá con sus primeras edificaciones, en una combinación de estilos arquitectónicos Puuc y Chenes. Fue aproximadamente en el año 500 d.C. cuando se edificaron la Iglesia, el Akab-Dzib, la Casa Colorada, la Casa del Ciervo y el Edificio de las Monjas.
   Los itzaes conquistaron la ciudad hacia el fin del periodo Clásico e introdujeron el culto a Kukulkán, dios máximo de los mayas, equivalente al Quetzalcóatl de las etnias del altiplano central; asimismo, una serie de nuevos elementos culturales que dieron lugar a un estilo propio llamado maya-yucateco. En esta ocupación se construyeron, entre otros monumentos, el Juego de Pelota, El Caracol (un edificio en forma de espiral) y los templos de los Jaguares y del Hombre Barbado.
   Con la llegada de los toltecas, quienes tomaron la ciudad entre los años 967 y 987, se creó un nuevo estilo que mezclaba las tradiciones mayas con las aportaciones de los conquistadores. Los signos más evidentes de la influencia Tolteca son: las efigies de la serpiente con plumas en la decoración de columnas y pilares, las enormes cabezas de reptiles y  las célebres estatuas de un personaje llamado Chac Mool.
   La pirámide de Kukulkán fue construida conforme a un cálculo astronómico que posibilita que en los equinoccios se pueda observar la imagen de una serpiente reflejada en la alfarda de la escalinata; este momento indicaba a los indígenas que era tiempo de siembra. Completan las edificaciones importantes de esta ciudad El Templo de los Tigres, junto al Juego de Pelota; el templo de los Guerreros o de Las Columnas, El Caracol y el Templo de las Monjas. Cerca de Chichén Itzá está la cueva de Balancanché donde se encontraron ofrendas dedicadas a Chaac correspondientes al Preclásico Tardío.
   Entre los años 900 y 1000 de nuestra era, las estructuras del poder maya sufrieron un fuerte resquebrajamiento. Es posible que a ello contribuyeran factores como la sequía, las enfermedades y las plagas, así como las incursiones y actos de expansión de otros pueblos mayas que antes no se habían manifestado con fuerza.
   Entre los años de 1185 y 1204 la ciudad fue conquistada por los príncipes de Mayapán, quienes introdujeron el culto al Sol, el fuego y la guerra. Los edificios característicos de este periodo son los templos de Venus, el Tzompantli, el Mercado, el Grupo de las Mil Columnas y El Castillo (en su etapa final).
   El Grupo de las Mil Columnas, una de las principales edificaciones, es llamado así por sus innumerables columnas y pilastras, que sostenían una enorme galería techada que rodeaba por dos de sus lados el Templo de los Guerreros. Éste es un basamento piramidal de 40 metros de cada lado, con tableros esculpidos con figuras de animales y deidades que servían de sostén al templo, cuya entrada está formada al igual que la de El Castillo por dos serpientes con cabezas en el suelo y cuyos crótalos sostienen el techo; en su interior hay pilastras con relieves de guerreros. Las alfardas de las escaleras rematan en cabezas de reptil, influencias del estilo arquitectónico Puuc asociadas a rasgos del altiplano. La similitud con las culturas del centro de Mesoamérica se evidencia en la escultura de Chac Mool, figura humana asociada al culto a la lluvia, ubicada a la entrada del santuario.
   El Castillo o Templo de Kukulkán es la construcción más importante de Chichén Itzá. Sobre un basamento piramidal de planta cuadrangular y nueve cuerpos superpuestos, con una escalera en cada lado, está este templo, un cuarto con dinteles de madera labrados y un techo de bóveda maya rodeado de un angosto pasillo. Flanquean la entrada principal dos columnas en forma de serpientes, cuyas colas sostienen el dintel exterior.
   Este edificio ha sido interpretado como la expresión material de un calendario, dado que la suma de los peldaños de las cuatro escaleras y la plataforma superior da como resultado 365, el número de días del año solar; los nueve cuerpos de la pirámide, al ser divididos por la escalera, suman 18, que son los meses del año indígena, y en cada fachada hay 52 tableros, el número de años que conforman el siglo mesoamericano.
   Con el surgimiento de Mayapán como nuevo centro de poder en la península, Chichén Itzá se despobló paulatinamente a partir del siglo XII, y aunque en siglos posteriores la zona, en particular el Cenote Sagrado y el Castillo, aún funcionaba como escenario de peregrinaciones y ceremonias mayas, la época de esplendor de la ciudad había terminado.
   Durante los equinoccios en marzo y septiembre se produce un interesante fenómeno de luz y sombra en la escalera principal: conforme el sol declina, se forman a lo largo de la alfarda derecha, uno a uno, siete triángulos de luz hasta quedar iluminada la cabeza de una de las serpientes que forman el inicio de las alfardas, marcando la figura de un reptil que baja desde lo alto. Debe recordarse que la serpiente es el símbolo de Kukulkán.
   El Juego de Pelota de la ciudad es, por su composición y dimensiones, el más interesante que se ha descubierto hasta la fecha. Al igual que en El Tajín, los paramentos de la cancha están decorados con relieves alusivos al desarrollo del juego y manifiestan la importancia de esta ceremonia para la vida y cosmogonía de los pueblos prehispánicos.
   Una de las actividades destacadas de los mayas fue la observación astronómica. En Chichén Itzá se ha reconocido como observatorio El Caracol, una torre de dos pisos con una escalera circular en el interior.
   Este nuevo escenario fue el que encontraron los europeos, su presencia introdujo cambios drásticos que alteraron profundamente la forma de vida en el mundo maya. No obstante que el proceso de transición fue largo y con frecuencia violento por ambas partes, al final imperó un nuevo modo de organizar y de hacer las cosas: el mundo maya colonial.
   El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se encarga actualmente del cuidado del sitio.

Fuentes de Información:
        Unavisita a Chichén-Itzá, JHS Editores, México, 196, 32 pp.
        Cosío Villegas, Daniel, Bernal, Ignacio, et al. Historia Mínima de México. El Colegio de México. 1974.
        Palacios, Enrique Juan, Guía Arqueológica de Chichén Itzá, México, Talleres Tipográficos de la Nación, 1935.
        Instituto Nacional de Antropología e Historia
        Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
        Palacios Rangel Rosa María