PARQUE NACIONAL SIERRA DE SAN PEDRO MÁRTIR

Ensenada, Baja California

Localizada a 150 kilómetros al sureste de la ciudad de Ensenada y a 200 kilómetros al sur de Mexicali, la Sierra de San Pedro Mártir, además de ser un macizo granítico de gran belleza, juega un importante papel en el equilibrio ecológico y climático de la región. En el parque se pueden realizar actividades de campismo, montañismo, escalada en roca, caminatas en senderos y miradores, observación de fauna, así como visitar el Observatorio Astronómico Nacional. El tiempo promedio de traslado desde Ensenada es de cuatro horas. No existe transporte público, por lo que el trayecto debe realizarse en vehículo particular.

Con excepción del personal que labora en los campamentos del Parque Nacional y del Observatorio Astronómico Nacional de la UNAM, no existen asentamientos humanos dentro del área del Parque Nacional. El acceso al parque se encuentra en el kilómetro 140 de la carretera transpeninsular en su tramo Ensenada-San Quintín, a partir de este punto se continúa por un camino de terracería hasta el poblado San Telmo de Abajo, donde está la puerta principal del parque. Si se recorren 24 kilómetros más, se llega a las instalaciones de la dirección y al área destinada a actividades de ecoturismo.

Esta masa montañosa, la más grande de la parte norte de la península de Baja California, tiene su punto más alto en el Picacho del Diablo, con 3,096 metros sobre el nivel del mar. Otra de sus características es su binacionalidad, ya que nace al sur de los Estados Unidos, en el condado de Ventura, cercano a la ciudad de los Ángeles, California, donde tiene su punto de inicio en Monte San Jacinto, en las inmediaciones de Palm Springs, para continuar a lo largo de la península hasta el arroyo San Simón, situado en San Quintín, municipio de Ensenada, Baja California.

En términos climáticos, la península de Baja California se encuentra bajo la influencia del cinturón subtropical de altas presiones que produce lluvias muy copiosas en las sierras de San Pedro Mártir y Juárez. La cantidad y distribución de las precipitaciones están determinadas por la ubicación y grandes alturas de estas cordilleras, lo que además genera el efecto de estacionalidad. Es así que en invierno, cuando la humedad fluye por el Pacífico, hay una mayor precipitación en las partes altas y se forma una sombra de lluvia en la vertiente este. En verano sucede lo contrario, cuando se originan precipitaciones colectivas en las montañas debidas a la humedad que viene por el Golfo de California. La península de Baja California dispone de pocas corrientes de agua permanente y éstas se encuentran precisamente en San Pedro Mártir, donde forman las cascadas más altas, que nacen del arroyo del Chorro. En la sierra también se presentan los climas más fríos, al grado de que en invierno la nieve suele bloquear el acceso hacia sus partes más altas. En compensación, durante el verano el clima lluvioso y fresco cubre todo de un gran verdor y una belleza inusitada.

La Sierra de San Pedro Mártir tiene una superficie de 342,801.30 hectáreas, de las cuales 63 mil constituyen el Parque Nacional, que fue decretado como Área Natural Protegida en 1947. Esta extensión, denominada oficialmente como Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir, está localizada en su totalidad en el municipio de Ensenada, Baja California. Se encuentra limitada al norte por el paraje de Rancho Nuevo y el Cerro Venado Blanco, donde también se localiza el ejido El Tepi; al este, por los cerros de Botella Azul, La Encantada y Santa Eulalia, y el ejido Plan Nacional Agrario; mientras que en su periferia sur se encuentran los cerros El Pinal y La Pelota y el ejido El Bramadero que abarca hasta los lindes situados al oeste, junto con los cerros de San Miguel, La Corona, San Pedro, y las Fresas.

Gracias a su riqueza biótica y a su importancia cultural, la sierra ha sido propuesta como una Reserva de la Biosfera bajo los programas MAB-México (Man and Biosphere) y Unesco-MAB, debido a que San Pedro Mártir constituye una reserva genética de especies forestales y de chaparral. Cabe señalar que tan sólo en flora, en la parte alta de la sierra existen 20 especies y subespecies endémicas; aunado a lo anterior, también es la principal región captadora y reguladora de precipitación pluvial en la entidad. Entre la fauna que habita la serranía destacan las siguientes especies: borrego cimarrón, venado bura, puma o león americano, zorra, mapache, gato montés, ardilla, coyote, y varias subespecies endémicas como una de trucha arcoiris, así como más de 50 especies de aves entre las que se encuentran el búho, el águila real, el halcón, el pájaro carpintero y los piñoneros que han convertido a la sierra en un Área de Importancia para la Conservación de las Aves (AICA).

Destaca el hecho de que el cóndor de California campeó su señorial vuelo sobre la Sierra de San Pedro Mártir hasta los años 30 del siglo XX, en que desapareció. En la actualidad se ha tomado conciencia de que la cordillera y sus alrededores son parte de la distribución histórica del cóndor, lo que ha motivado que se considere la viabilidad de la Sierra de San Pedro Mártir como hábitat para el cóndor de California. Los estudios realizados señalan que su extirpación local no fue causada por cambios ambientales, sino por la actividad humana, muy probablemente la cacería y el envenenamiento con plomo. La relativa inaccesibilidad de estas montañas y su baja densidad de población humana hacen del lugar un ambiente propicio para la liberación del cóndor y el establecimiento de una población permanente. Asimismo, el estatus de protección legal del Parque Nacional favorece el desarrollo del programa de monitoreo y manejo del cóndor de California.

Por estar ubicada en el límite sur de la provincia florística Californiana, la cordillera es un bosque mediterráneo, que funciona como una comunidad ecológica dotada de vegetación y fauna características, que la convierten en un bioma único en América del Norte, ya que es el único bosque mediterráneo y multiespecífico existente en la región que posee más de una especie arbórea dominante, así como otras, cuyas particularidades lo hacen singular también a nivel mundial. Por ser un relicto geológico muy complejo emergido desde la Pangea, la sierra presenta endemismos muy abundantes al servir como sustento a diversos ejemplares supervivientes de especies casi extinguidas. Asimismo, por estar rodeada por el desierto constituye un relicto climático y es a la vez un relicto biológico por la biota templado-húmeda refugiada en sus cumbres sin posibilidades de dispersión.

Gran parte de su territorio está cubierta por bosque de coníferas, de las que se han clasificado nueve especies. En la región alta de la sierra hay bosque de pino oyamel acompañado de especies dominantes como el pino jeffrey, el abeto blanco, el pino y el pino dulce, así como vegetación de chaparral dominada por especies como el chamizo, encinillo, manzanita, chamizo colorado, lentisco y yerba santa. Entre los bosques se encuentran praderas extensas, arroyos, lagos pequeños, picos rocosos y cañones profundos. Mientras que en las partes bajas hay una combinación de pino piñonero con varias especies de encino y en el camino hacia las montañas se encuentra el matorral desértico marítimo, casi no alterado, con diversas especies como la rosa silvestre, el trompo, la pitaya agria y el cochal, así como el chaparral dominado por palo blanco, toyón y fresnillo.

En las ciénegas o praderas de altitud de los valles de La Grulla, Vallecitos, Rancho Viejo, La Encantada, y Santa Rosa, con sus parajes llenos de un lodo blando o cieno se encuentra otra parte de la vegetación característica de la sierra. En estos valles se practica la explotación ganadera, que es tradicional en esta región de Baja California desde la época en que se fundaron las misiones de San Pedro Mártir y Santo Domingo. Estas ganaderías se remontan hasta el año de 1828, mientras que en 1915 se formaron las compañías borregueras que utilizaron las praderas del Parque Nacional hasta que en el año de 1964 se negó el acceso de la borregada debido a los daños ocasionados por el sobrepastoreo. En la actualidad se permite el pastoreo de ganado bovino, siempre y que se realice de forma dispersa, de tal manera que el ganado coma el pasto sin perjudicar su raíz, lo que parece no molestar al pino nuevo, aunque aún es preciso valorar la posibilidad de que haya efectos secundarios sobre la compactación del suelo y la diversidad del follaje.

De esta manera continúa la utilización de la sierra como un lugar de veraneo para el pie de cría. Durante la primavera, a fines de mayo y mediados de junio, se junta el ganado en la parte baja, se baña, vacuna, desparasita, hierra y señala, tras lo cual se sube el rebaño en arreos que duran de 3 a 10 días. Las poblaciones de Hacienda de Sinaloa y San Telmo, que se encuentran al oeste del parque por el único camino de acceso al observatorio, también se dedican a la ganadería extensiva y a la agricultura.

La zona cuenta con cuatro decretos vigentes, uno para la creación del Parque Nacional, dos que declaran el área como Reserva Nacional Forestal y uno que permite la actividad de observación astronómica y la instalación de infraestructura necesaria. El 4 de octubre de 1923 se decretó como reserva forestal una superficie de 450,000 hectáreas con el carácter de inalienables e imprescriptibles, esta área comprende distintas porciones arboladas de las sierras de Juárez, Mesa del Pinal y San Pedro Mártir que fueron reivindicadas a la Nación por acuerdo del 12 de abril de 1917. Por otra parte, con la finalidad de dejar sin efecto los contratos de concesión existentes hasta ese momento, por decreto presidencial del 21 de febrero de 1947, se declaró Parque Nacional al área concesionada con una superficie de 63,000 hectáreas, que fueron establecidas como zona para la conservación perenne de la flora y la fauna. Posteriormente, el 25 de abril de 1951 se expidió otro decreto que determinó al área como Reserva Nacional Forestal, con lo que se estableció una veda definitiva e indefinida para la extracción forestal comercial. Finalmente, el 12 de febrero de 1975 se estableció el área como de interés público para la conservación y restauración de la riqueza forestal, también se cuidó de asegurar el desarrollo normal de la investigación astronómica, geográfica y demás disciplinas afines.

El número de días al año sin nubosidad, la ausencia de radiointerferencia y la baja humedad relativa, hacen que la Sierra de San Pedro Mártir esté considerada como el mejor punto de observación astronómica en el hemisferio Norte, y junto con los sitios localizados en la zona de los Andes en Chile, en las islas Hawai y en las islas Canarias, uno de los cuatro mejores en todo el mundo. Estas características destacadas hicieron que, a partir de 1971, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estableciera en el Picacho del Diablo un observatorio astronómico que actualmente cuenta con una infraestructura de excelente calidad y tres potentes telescopios alojados en sus tres cúpulas; en una de ellas se encuentra el mayor telescopio de México y Latinoamérica, con tres toneladas de peso y con 2.12 metros de diámetro en su lente o espejo principal.

La ubicación del observatorio se determinó con base en los estudios que realizaron, en 1967, un grupo de investigadores encabezados por Guillermo Haro, quienes señalaron a la cima de la Sierra de San Pedro Mártir como el sitio ideal. En una primera etapa se colocaron los primeros telescopios; siete años después de haber instalado el primer telescopio y con motivo del primer centenario de la astronomía formal en México (el 5 de mayo de 1878, Porfirio Díaz inauguró el primer Observatorio Nacional Astronómico), se inauguró oficialmente el observatorio.

Hay evidencias arqueológicas que demuestran que la región fue habitada inicialmente por grupos de cazadores nómadas. Después de que los primeros pobladores de América cruzaron el estrecho de Behring hace decenas de miles de años, se originaron migraciones hacia el sur del continente, en búsqueda lugares más propicios para la vida. Algunos de estos grupos se asentaron en el territorio que hoy corresponde a México. Aunque no se cuenta con una fecha precisa de la llegada de los primeros grupos humanos a la península californiana, los vestigios arqueológicos y los estudios etnohistóricos existentes indican que los primeros habitantes llegaron al menos hacia el año 10,000 a.C., periodo en que la diversidad de fauna y vegetación eran muy variadas, pero un lento cambio climático ocasionado por el fin de un período glacial, torno árida la mayor parte del territorio. Hace unos tres mil años penetraron a Baja California varias corrientes migratorias provenientes del sur de Estados Unidos. Eran grupos de filiación lingüística yumana. Durante milenios se mantuvieron nómadas y su economía dependió básicamente de la recolección, complementada con productos de la caza y la pesca. Entre las montañas y el desierto, recorrían grandes distancias recogiendo bellotas, semillas, tunas, piñones, agaves y frutos de la manzanita y la guata. Con el tiempo aquellos hombres se agruparon en distintas bandas y cada una procuró delimitar su territorio. De los vestigios prehispánicos que se hallan en la sierra sobresale el arte rupestre.

El antropólogo Paul Kirchoff planteó hace más de cuatro décadas la hipótesis de que los diferentes grupos que llegaron provenientes del norte del continente americano, quedaron atrapados en la península a medida que iban avanzando, posiblemente debido a las condiciones climáticas y geográficas, así como por la presión ejercida por los grupos del norte sobre los del sur, que les impidió salir o regresar, tal como si hubiesen caído en una bolsa. Esta población indígena logró desarrollar técnicas eficaces de subsistencia durante varios miles de años previos al contacto con los europeos, basadas en un conocimiento profundo de su entorno. Para obtener el alimento necesario se valían de la flora y fauna que los rodeaba, lo que les hizo necesario recurrir al uso de ciertas herramientas y técnicas para procesar lo recolectado, la caza y la pesca. La densidad de la población variaba de acuerdo con los recursos disponibles.

Los grupos nativos de la región provienen de las etnias yuma y californiana. De la primera se reconocen los subgrupos dieguinos que habitan en la Sierra de Juárez, los cucapá en la rivera del Río Colorado y los kiliwa en las estribaciones bajas de la Sierra de San Pedro Mártir. Actualmente, en Arroyo del León existe un asentamiento kiliwa, que colinda con el parque en su parte norte.

Los kiliwa son los habitantes más antiguos de la región. Existen reportes arqueológicos que señalan su presencia en la región desde hace miles de años y constituyen uno de los últimos pueblos nativos que aún practican la caza y la recolección de piñones de los pinos, bellotas de los encinos, cerezas verdes y tunas. Obtienen el mezcal del agave, guata del Juniperus y de la palmilla, además de los frutos y la yuca para comer, utilizan sus hojas para elaborar sandalias, canastas y cuerdas. Debido a que las plantas han sido su sustento alimenticio y medicinal desde tiempos inmemoriales, tienen un extenso conocimiento de la herbolaria.

La población aborigen estimada al momento del contacto hispano-indígena fluctuaba entre 40,000 y 50,000 habitantes en todo el territorio peninsular. Al momento del contacto, los habitantes de Baja California, llamados californios por los europeos, eran sociedades cazadoras recolectoras y se organizaban en unidades sociales básicas conocidas como bandas o rancherías, conformadas por no más de 250 individuos unidos por lazos de parentesco. A la llegada de los misioneros, los indígenas kumiai, pai pai, kiliwa y cochimí fueron congregados en rancherías aledañas a las misiones. Únicamente los cucapá se mantuvieron libres, debido a que en su región no se estableció ninguna casa de religiosos. La imposición de una cultura ajena inició el proceso de aculturación de los pueblos originarios, el cual se acentuó con la llegada de los otros extranjeros y mexicanos.
Muchos de los relatos de la época colonial nos hablan de las distintas culturas o naciones que se desarrollaron en este territorio. Esta clasificación descansa en la filiación lingüística, basada en la lengua que hablaban, de esta manera se divide el territorio peninsular californiano en cuatro áreas principales: la pericú, la guaycura, la cochimí o yumana peninsular, y la yumana; cada una conformada por diferentes variedades dialectales, probablemente debidas a la dispersión territorial de la población.

Aunque casi toda la Sierra de San Pedro Mártir fue ocupada por diferentes grupos indígenas desde mucho antes de la llegada de los europeos, las primeras noticias documentadas de ella surgen de las exploraciones de los misioneros jesuitas. El descubrimiento de la península por Fortún Jiménez de Bertadoña en el año de 1553 y la expedición posterior de Hernán Cortés, trajo como consecuencia el nombre de California a estas tierras.
Sin embargo, la California lleva en su nombre el peso de rumores y leyendas, los europeos del siglo XVI que veían hacia el norte del Caribe y la Nueva España, avizoraban tierras enigmáticas, soñaban con encontrar las siete ciudades del oro y su capital Cibola, popularizadas por la Crónica del rey Don Rodrigo y la destrucción de España. Muchos fueron los proyectos en este afán de avanzar hacia esas tierras que inflamaban la imaginación y exacerbaban la codicia y que se extendían desde el norte de México hasta la península del Labrador envueltas en nombres fantásticos como California, Quivira, Cibola, Tibuex, Nuevo México o La Florida. Tomada de la literatura caballeresca, California aparece en la novela de García Ordoñez de Montalvo, Las Sergas de Esplandián, publicada a principios del siglo XVI en Medina del Campo. En ella Esplandián, el hijo de Amadis de Gauda, llega a una isla cercana al paraíso llamada California. De esta forma el nombre California nace antes del arribo a la península por parte de los europeos y comienza a designarla desde mediados del siglo XVI.

Es a partir de 1548, con la creación de la Provincia y Audiencia de Nueva Galicia, que se encomiendan a este gobierno los asuntos de California. Es posible que la Sierra de San Pedro Mártir haya sido vista desde la costa por los primeros exploradores del norte del Golfo de California, como Francisco de Ulloa en 1539 y Hernán de Alarcón en 1540, o desde tierra por los primeros que se acercaron a la península por el continente como Melchor Díaz en 1540 y Juan de Oñate en 1605; sin embargo, no dejaron ninguna constancia que la mencionara. La primera noticia cierta de esta sierra se conoce en 1701, en el famoso mapa denominado Paso por Tierra a la California, en donde el misionero jesuita Francisco Eusebio Kino registra que en la porción nororiental de la península se encuentra una serranía a la que da el nombre de Sierra Nevada y que sin lugar a dudas se trata de la Sierra de San Pedro Mártir, en donde el Picacho del Diablo y sus alrededores suelen estar nevados durante buena parte del año. Este mapa fue el resultado de las numerosas exploraciones realizadas por el padre Kino a la región de la desembocadura del Colorado, por el lado de Sonora, con el fin de demostrar la peninsularidad de California. En una ocasión ascendió a la Sierra del Pinacate en compañía del padre Juan María Salvatierra, donde observaron con un telescopio toda la región de la desembocadura y su continuación hacia Baja California. Parece ser que fue entonces cuando descubrieron la Sierra Nevada.

El primer europeo que exploró la Sierra de San Pedro Mártir fue el célebre misionero jesuita Wenceslao Link, durante la última de las grandes exploraciones jesuitas en la península realizada el mes de marzo de 1766. Posteriormente, los dominicos establecieron en 1794 la misión San Pedro Mártir de Verona de la que sólo se encuentran vestigios en la actualidad, de esta misión surgió el nombre de la sierra. En 1804, con el afán de simplificar su administración, se separó la Baja California de la Alta California. Ambas continuaron formando parte del territorio mexicano tras la consumación de la Independencia. Sin embargo, después de la invasión de las fuerzas norteamericanas en 1846, México perdió la Alta California por medio del Tratado de Guadalupe Hidalgo. Tres años después, el territorio de la Baja California se dividió en dos: norte y sur (hoy Baja California y Baja California Sur).

En el año de 1850, la colonización de tierras incluyó las montañas productoras de pastos suculentos. Las partes altas y las estribaciones oeste de la sierra fueron divididas en grandes haciendas para establecer ranchos ganaderos. Por su parte, la explotación de minas de oro a pequeña escala se inició en San Pedro Mártir en 1874, principalmente en los parajes El Socorro y Valladares, lo que incrementó la colonización de esta zona y motivó la realización de grandes obras hidráulicas, como la efectuada por Harry Johnson, un rico minero tejano, quien construyó en 1893 un acueducto de 29 kilómetros desde el arroyo San Rafael hasta el Socorro para facilitar las operaciones de extracción, que terminaron en 1911 como resultado del movimiento revolucionario mexicano. En 1931 los distritos norte y sur se transformaron en territorios, para que finalmente, en 1952, se erigiera al territorio norte como el estado libre de Baja California y se designara como su capital a Mexicali.

La administración del Parque Nacional de San Pedro Mártir quedó desde el año de 1997 bajo la responsabilidad del Instituto Nacional de Ecología de la UNAM, quien lleva a cabo su trabajo en coadyuvancia con el gobierno del estado de Baja California.

A partir de la coordinación con las universidades, se tiene proyectado el desarrollo de proyectos de investigación científica y criaderos extensivos de diferentes especies silvestres. A mediano plazo y con el establecimiento de una fundación y un fideicomiso privados se pretende captar recursos adicionales para la operación del parque; asimismo se dará inicio a un programa de difusión y educación ambiental enfocado a los visitantes y la comunidad bajacaliforniana.

Con el fin de garantizar su conservación, la superficie del parque nacional está considerada actualmente como restringida en un 90 por ciento; mientras que en el 10 por ciento restante se permite el uso recreativo con actividades de bajo impacto.

Fuentes de información:
Enciclopedia de los Municipios de México. Baja California.
Gobierno del Estado de Baja California.
Revista México Desconocido. Mayo de 2002.
Kobelkowsky Sosa Rebeca. Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. CONANP.
Academia Mexicana de Ciencias. Departamento de Instrumentación en Ensenada.
Palacios Rangel Rosa María.

© Derechos Reservados conforme a la Ley, DGPIF, agosto del 2002.