ANTIGUO COLEGIO DE LA ENSEÑANZA

Delegación Cuauhtémoc. Ciudad de México

 

Actualmente sólo escucha los ruidos de las máquinas excavadoras, así como las pláticas de decenas de albañiles; todo a su alrededor es escombro y polvo, pero hace varios siglos fue un importante convento y luego sede de la justicia capitalina.

Hablamos del Antiguo Colegio de la Enseñanza, ubicado en la calle de Donceles 104, antes calle de Cordobanes, entre Brasil y Argentina, en la colonia Centro de la delegación Cuauhtémoc.

Fue llamado templo de la Enseñanza debido a que la Fundación Conventual de la Compañía de María, con el título de Nuestra Señora del Pilar, San Miguel y San Juan Nepomuceno, se estableció en ese lugar con el propósito de enseñar a las niñas hijas de los conquistadores.

Este objetivo se cumplió a instancias de la monja fundadora, María Ignacia Azlor y Echevera, quien se trasladó a España para solicitar licencia al Rey Fernando VI para abrir esta escuela, permiso que le fue concedido mediante la Cédula Real expedida el 25 de abril de 1752.

Al año siguiente, Azlor acompañada de 12 religiosas del convento de Bessiers, de Barcelona, España, se hospedaron en el convento de Regina Coelli, aunque posteriormente adquirieron dos casas en la hoy calle de Donceles.

De la construcción se hizo cargo Fray Lucas de Jesús María, arquitecto oriundo de Zaragoza, España. La obra primitiva constaba de un patio con sus claustros, tres hileras de celdas pequeñas, salas de labor y enfermería, viviendas para las pupilas, varias oficinas y una capilla provisional.

Fue hasta 1795 cuando se concluyó el inmueble por otro arquitecto: Ignacio Castera, siendo la madre Teresa Bonstet, la monja priora del convento.

Así pasaron los años con la enseñanza para las niñas como fin único y principal. Empero, con las Leyes de Nacionalización de 1867, las religiosas fueron exclaustradas y el edificio fue destinado para ser prisión de los funcionarios que estaban en el gabinete del destituido emperador Maximiliano. Tiempo después también se utilizaría como escuela para invidentes.

En los albores del siglo XX, los ingenieros Alberto Herrero Olivier y Armando Santacruz, erigieron el Palacio de Justicia, con fondos de la Federación y por órdenes del entonces Presidente de la República, Porfirio Díaz, fue sede de los juzgados del ramo civil, así como Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal.

Por su importancia histórica, fue declarado Monumento el 17 de mayo de 1940.

Su fachada es del tipo neoclásico. Consta de una planta de una sola nave. Tiene un pequeño atrio limitado por una reja de hierro forjado. En el interior se encuentra decorado al estilo barroco.

Los retablos que aún se conservan en buen estado son de madera, mientras que las escaleras se entrelazan formando una doble helicoidal. Por todo ello, esta joya arquitectónica merece la pena ser visitada y conocer su historia; por lo pronto, está a la espera de que terminen los trabajos en las calles adyacentes para disfrutar de una paz duradera.

 

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