BARRANCA DEL COBRE
CHIHUAHUA

Fotografía: Semarnat

 

   La Barranca del Cobre está emplazada en el estado de Chihuahua, donde constituye un complejo sistema de barrancas y cañones en la Sierra Madre Occidental que se extiende en un área geográfica relativamente pequeña. Los principales cañones son los de Urique, Nonoava, Verde, Candameña, Basaseachic, Guazapares y Batopilas. Su longitud se estima en un aproximado de540 kilómetros lineales de cañones.
   Por su parte, el estado de Chihuahua se encuentra localizado en la parte norte de la República Mexicana. Al norte colinda con la región fronteriza de los Estados Unidos de Norteamérica, específicamente con los estados de Nuevo México y Texas, al sur con el estado de Durango, al este con el de Coahuila y al oeste con los estados de Sonora y Sinaloa.
   Chihuahua, el estado más exten­so de México (244,938 kilómetros cuadrados, lo que representa el 12.5 por ciento del territorio nacional),es atravesa­do de norte a sur por la Sierra Madre Occidental, de la que el cerro Mohinora es el punto más alto (3,992 metros). El resto del territorio lo confor­man las Llanuras Boreales, con numerosas depresiones llamadas bolsones, entre las que destaca el Bolsón de Mapimí, región desér­tica cubierta en parte por lagunas. El río Conchos, afluente del Bravo, es el más grande, y las presas más importantes son la Boquilla, Luis L. León, Francisco I. Madero y El Tintero.
   A lo largo del tiempo se han dado diversas acepciones a la palabra Chihuahua. Algunas refieren su origen al tarahumara, pero la que ha tenido mayor aceptación entre los investigadores históricos se refiere al náhuatl, mientras que algunos historiadores sostienen que el vocablo corresponde al dialecto de los indios conchos, del cual se conoce muy poco. La única certeza es que la palabra Chihuahua tiene un origen prehispánico. Félix Ramos y Duarte, en su Diccionario de Curiosidades Históricas del año 1889, afirma que la palabra es de origen náhuatl y se forma de Xicahua, que se descompone en Xi, y Cuauhua, síncope de Cuauhuacqui, cosa seca o arenosa.
  El territorio del actual estado de Chihuahua estuvo habitado por grupos organizados que vivían en el ámbito de la cultura del desierto; habitantes de las regiones semiáridas que subsistían de la recolección de frutos y de la caza y la pesca, y que estaban étnicamente relacionados con la familia sonorense ópata-pima. Entre los pueblos de la cultura del desierto sobresalen los apaches, comanches, tarahumaras, tobosos, pimas, guarojíos, tepehuanes, pimas, ópatas, conchos, julimes, tapacolmes, tubaris, guazaparis, y chínipas, entre otros. 
   Los que más resistencia opusieron a la ocupación de sus territorios por parte de los colonizadores españoles fueron los tobosos, los apaches, los comanches y los tarahumaras, quienes después de varias sublevaciones optaron por refugiarse en los lugares más inaccesibles de las montañas y barrancas en la Sierra Tarahumara, donde lograron conservar su organización social, costumbres y vestimentas.
   Es así que entre los estados de Durango y Chihuahua, en medio de los inhóspitos paisajes de la Sierra Madre Occidental, habitan los tarahumaras, cuyo censo no sobrepasa las 30 mil personas, quienes se han tenido que internar en zonas cada vez más inaccesibles de la sierra con el fin de preservar sus tradi­ciones e idiosincrasia. Su perseverancia les ha permitido desarro­llar su propia cultura a grado tal que sus comidas, bebidas, ceremonias y vestimenta se han mantenido intactas dentro de un esquema totalmente distinto a los demás grupos mexicanos; sus principales divinidades son el Sol y la Luna; tienen la creencia de que su territorio se encuentra en el centro del mundo, y ellos los primeros pobladores de la tierra. Las comunidades suelen reunirse en ocasión de sus celebraciones no religiosas, como la carrera de la bola o Parajipuami, que se lleva a cabo en algún punto de la región designado por el organizador o choaqueame. La carrera exige de los participantes una gran resistencia y fortaleza física, pues dura casi todo el día. En este evento, se organizan varios equipos con relevos que deberán impulsar una pelota hecha de madera de madroño, a lo largo de seis kilóme­tros hasta completar 15 vueltas. En la actualidad aún existen comunidades de rarámuris llamadas cimarronas, donde no permiten la entrada del hombre blanco, llamado por ellos chabochi.
   El investigador Carlos Montemayor, en su libro Los Tarahumaras, Pueblo de estrellas y barrancas expone que desde sus primeros encuentros, los misioneros y soldados españoles apreciaron en los tarahumaras su gran capacidad de caminantes y corredores. Señala que la palabra tarahumara alude a la rapidez de los corredores. Por influencia del cahita o del varojío, o incluso del castellano, se ha sustituido la ¨r¨ inicial de rará, que significa pie, por una ¨t¨; huma o juma, significa correr y el sufijo ra o re es un participio; el sentido final es el ¨que ha corrido a pie¨. A su vez, el investigador Carl Lumholtz sostiene que la palabra tarahumara es una corrupción española de la voz rarárumi.
  Sin embargo, los tarahumaras se designan a sí mismos con otro nombre: rarámuri. Su condición, su identidad, su memoria, su pensamiento están ligados a este vocablo. Sólo cuando los rarámuris hablan en español utilizan el término tarhumara.
   Rondaba el año de 1530 cuando arribaron los primeros europeos en pisar el territorio chihuahuense. Fueron los expedicionarios que comandaba Álvar Núñez Cabeza de Vaca, quienes llegaron a la confluencia de los ríos Bravo del Norte y Conchos en su recorrido desde la Florida a Sinaloa, después de la travesía, emprendida tras su fuga de las tribus indígenas lugareñas al fracasar la conquista de aquellos lugares, a cargo de Pánfilo de Narváez.
   Posteriormente, en 1561, el capitán Francisco de Ibarra obtuvo la autorización del virrey de la Nueva España para colonizar las tierras ubicadas al norte de Zacatecas. Así se constituyó la provincia de Nueva Vizcaya en los territorios que actualmente ocupan los estados de Durango, Chihuahua, Sonora y Sinaloa. De Ibarra fue nombrado gobernador y Capitán General de esta provincia que se extendió hasta Nuevo México y las Californias.
   Entre la tropa del conquistador Ibarra se contaron los precursores de la minería y la ganadería chihuahuense, como Rodrigo del Río, quien descubrió las minas de Santa Bárbara en 1564, donde se originó la primera población española de la región y Baltazar de Ontiveros que impulsó la crianza de ganado en la zona colindante entre Chihuahua y Durango. Los españoles colonizaron paulatinamente las regiones del norte, por medio de expediciones armadas. Al amparo del descubrimiento de nuevas minas, se fundaron poblaciones y misiones religiosas, de las que fue pionera la orden de San Francisco de Asís.
   Después del descubrimiento de los yacimientos minerales de la zona de Villa Escobedo, en 1611, los religiosos jesuitas Juan de Fonte y Juan Valle fundaron en la región de Balleza, la primera misión de la sierra Tarahumara denominada San Pablo.
   En sus orígenes la provincia de la Nueva Vizcaya tuvo como su capital a la Villa de Guadiana, hoy Durango. En 1635, al incrementarse los asuntos de minería y por la ubicación estratégica para combatir las sublevaciones de indígenas, el gobernador de la Nueva Vizcaya, Luis de Monsalve, decidió radicar en San José del Parral. Posteriormente se construyó la Casona Real del gobierno Provincial en 1649, lo que convirtió de hecho a San José del Parral, en la capital del Reino de la Nueva Vizcaya por más de noventa años.
   A partir de 1673 los jesuitas fundaron las misiones de San Bernabé, Coyachi, del municipio de Cusihuiriachi; Carichí, Sisoguichi, Papigochi, (Ciudad Guerrero), Matachí, Santo Tomás, Temósachi y Nonoava, las cuales constituyeron la Provincia de la Alta Tarahumara. A partir de mayo de 1676, los jesuitas volvieron a la región de Chínipas, abandonada desde 1632 y fundaron los pueblos de Chínipas, Guazapares, Témoris, Guadalupe Victoria, Santa Ana, Loreto y otros, que integraron la Provincia de Chínipas o Baja Tarahumara. A principios de 1681, el jesuita Juan María de Salvatierra fundó la misión de Cerocahui y exploró la Barranca del Cobre. Este misionero de origen italiano resulta memorable por su labor en favor de los indígenas de la baja Tarahumara.
  Sin embargo, la resistencia contra los conquistadores españoles fue larga y tenaz. En 1645 se realizó el primer levantamiento de los conchos. En 1648 tocó el turno a los tarahumaras. Posteriormente, el cacique tarahumara Tepórame encabezó la tercera insurrección de los tarahumaras, iniciada el 3 de marzo de 1652. Tepórame, también conocido como Teporaca, fue aprehendido en el pueblo de Tomochi y sentenciado a morir en la horca el 4 de marzo de 1653. En 1684 se dio un nuevo levantamiento de los conchos que culminó con su derrota y la aceptación de las nuevas costumbres de los colonizadores. En 1697 se llevó a cabo el último levantamiento de los tarahumaras. Es hasta 1790 que se alcanzó la pacificación general de los apaches.
   El 4 de noviembre de 1702, se denunció el mineral de Cusihuiriachi. Más tarde se encontraron nuevas vetas en las serranías al este de Nombre de Dios, y se estableció la población del Real de Santa Eulalia de Mérida de Chiguagua. En enero de 1708, el lugar fue erigido en Alcaldía Mayor. El 12 de octubre de 1709, se expidió el decreto que autorizó la fundación del Real de San Francisco de Cuellar, actual ciudad de Chihuahua, en honor del virrey de la Nueva España, marqués de Cuellar y de la orden de San Francisco de Asís.
   La Villa de Chihuahua creció aceleradamente gracias a sus actividades mineras y comerciales y se convirtió en la población más importante de la región norte de Nueva Vizcaya.
   El 4 de diciembre de 1786, se expidió la Real Ordenanza de Intendencias signada por el Rey Carlos III, que decretó la división del virreinato de la Nueva España en 12 intendencias, una de ellas fue la Nueva Vizcaya. Cada Intendencia se subdividió en Partidos administrados por subdelegados Reales que ejercían también las funciones judiciales. En el actual estado de Chihuahua existían 12 partidos: Chihuahua, Aldama, Hidalgo del Parral, Santa Bárbara, Valle de Allende, Jiménez, Cusihuiriachi, Batopilas, San Buenaventura, Valle de Olivos y los minerales de Topago y El Refugio. Al declararse sede permanente del mando unificado de las Provincias Septentrionales del virreinato, la importancia de la Villa de Chihuahua aumentó notablemente en los asuntos políticos y administrativos,
   La proclamación de la Independencia de México declarada por el cura Miguel Hidalgo y Costilla, provocó la insurrección nacional que se extendió aceleradamente a todo el país. Después de los triunfos iniciales, Hidalgo y Allende decidieron retroceder rumbo al norte, en vez de avanzar sobre la capital de México. Al reagruparse los ejércitos realistas acabaron por derrotar a los encabezados por el cura Hidalgo, lo que se tradujo en la captura de los principales caudillos, en las norias de Acatita de Baján el 21 de marzo de 1811. Los caudillos principales fueron enviados a la Villa de Chihuahua, ya que ahí estaba la residencia oficial del Comandante General de las Provincias Internas, en cuya jurisdicción habían sido aprehendidos y posteriormente ajusticiados; así Ignacio Camargo fue fusilado el 6 de mayo; Ignacio Allende, Mariano Jiménez, Juan Aldama y Manuel Santamaría, el 27 de julio y don Miguel Hidalgo y Costilla, el 30 de julio del año 1811.
   El 19 de julio de 1823, el Congreso Nacional dividió a la Nueva Vizcaya en dos Provincias: Chihuahua y Durango. A su vez, la Villa de Chihuahua recibió la categoría de ciudad.
   La Constitución de 1824 dividió a México en diecinueve estados y cinco territorios. Asimismo, facultó a cada estado para elegir gobernador y asambleas legislativas propias. El 6 de julio de 1824, el Congreso Nacional decretó que la Provincia de Chihuahua se constituyera en Estado de la Federación, tras lo cual se instaló el Primer Congreso Constituyente Local.
   La Ley de Desamortización de los Bienes de Manos Muertas, expedida por el gobierno Federal en 1856, ordenó que fueran retirados los bienes que poseían las corporaciones civiles y eclesiásticas. En esa época los bienes de la propiedad de los pueblos de Misión, llamados de Comunidad, fueron desamortizados al juzgar a los pueblos como Corporaciones Civiles, debido a que los cabildos y juntas municipales intervenían en el manejo de los fondos para cuidar de su conservación. Los terrenos propiedad de los pueblos indígenas también fueron desamortizados.  
   En septiembre de 1864, asediado por las fuerzas francesas, el presidente Benito Juárez llegó a la ciudad de Chihuahua, que fue sede del gobierno Republicano por más de dos años, en su lucha contra la intervención francesa y el imperio de Maximiliano de Habsburgo. Durante su estancia en Chihuahua, el presidente Juárez revalidó de pleno derecho las adjudicaciones de bienes nacionalizados del clero y las ventas de terrenos baldíos, ejecutadas por la administración local.
   Daniel Cosío Villegas menciona que la Historia Moderna de México comienza con una caída y acaba con otra caída. Se inicia en julio de 1867 al derrumbarse el imperio de Maximiliano, y concluye en mayo de 1911, cuando se desploma el gobierno de Porfirio Díaz. Entonces, esa historia abarca cuarenta y cuatro años, que sin embargo, se dividen habitualmente en dos épocas. La primera, de escasos diez años, va de 1867 a 1876, y se llama la República Restaurada. A la segunda, de treinta y cuatro, de 1877 a 1911, se le nombra El Porfiriato.
    En 1881 inició la construcción del Ferrocarril Central Mexicano entre las ciudades de México y Juárez. Corría el año de1884 cuando fue inaugurado el Ferrocarril Central que conectaba a la Ciudad de México con el Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez.
   Al promulgarse el Plan de San Luis Potosí el 5 de octubre de 1910, que convocó a las armas en contra del gobierno Federal, las muestras de adhesión proliferaron en Chihuahua.  La Revolución alcanzó mayores proporciones en Chihuahua con respecto a otros estados, por causa del descontento popular acumulado contra los gobiernos de Terrazas y Creel. Porfirio Díaz creyó inicialmente que el movimiento rebelde tenía un carácter local y que sería fácil dominarlo, sin embargo, la revolución maderista y el descontento popular aumentaban en el estado de Chihuahua y el movimiento revolucionario siguió su marcha. El 14 de febrero de 1911 entró a territorio chihuahuense Francisco I. Madero, después de cruzar el Río Bravo en las inmediaciones del pueblo de Guadalupe, para ponerse al frente de sus partidarios y unificar el movimiento. De acuerdo a los postulados del Plan de San Luis, asumió la presidencia provisional de la República en nombre de la Revolución. El 6 de marzo, Madero atacó sin éxito al pueblo de Casas Grandes. Después Orozco y sus hombres se le incorporan en el pueblo de Galeana y numerosas partidas maderistas se concentraron en la hacienda de Bustillos del municipio de Cuauhtémoc. Ahí, el presidente Madero otorgó los primeros grados militares a los jefes chihuahuenses, entre ellos, el de Brigadier a favor de Pascual Orozco y el de Coronel a Francisco Villa. El 8 de mayo, las tropas comandadas por Orozco y Villa derrotaron al ejército federal en Ciudad Juárez.
   Al triunfo de la revolución, Francisco I. Madero propuso la repartición de los baldíos y la expropiación de los latifundios que no fueran explotados por sus propietarios. Tras la traición del general Victoriano Huerta se dio la aprehensión y muerte del presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez. El 22 de febrero de 1913, mismo día en que fueron asesinados Madero y Pino Suárez, el gobernador Abraham González fue aprehendido y asesinado por orden de Victoriano Huerta en el Cañón de Bachimba. Lo anterior ocasionó la insubordinación en todo el territorio chihuahuense. El general Francisco Villa ingresó a territorio chihuahuense por la región de Palomas el 9 de marzo de 1913, para principiar la lucha armada en contra del Huertismo.  Con un grupo de ocho veteranos revolucionarios chihuahuenses en poco tiempo integró la poderosa División del Norte, el brazo armado de la Revolución Mexicana, que después de derrotar a las fuerzas federales en las celebres batallas de Torreón y Zacatecas precipitó la caída del usurpador Victoriano Huerta y el triunfo del Plan de Guadalupe encabezado por Venustiano Carranza.
   De acuerdo con el Plan de Guadalupe, el 8 de diciembre de 1913,  Francisco Villa fue envestido del cargo de gobernador del Estado por una Junta de Generales Constitucionalistas. Como gobernador autorizó una emisión en papel moneda y la introducción de artículos de primera necesidad por la aduana de Ciudad Juárez para aliviar la escasez que sufrían las clases populares. Además decretó la fundación del Banco de Chihuahua con carácter de institución oficial para financiar a los agricultores y a las empresas populares. Más adelante, el 8 de enero de 1914, entregó el gobierno local al general Manuel Chao para dedicarse a dirigir las tropas constitucionalistas. A raíz de los enfrentamientos con Venustiano Carranza quien era reconocido como primer Jefe del Ejercito Constitucionalista y encargado del Poder Ejecutivo Federal, el movimiento revolucionario quedó dividido y con ello se inició una nueva guerra civil.
   En la Convención de Aguascalientes se acordó cesar a Carranza y a Villa en los cargos de Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y Jefe de la División del Norte, y fue nombrado presidente provisional de la República, el general Eulalio Gutiérrez. Después de la Convención de Aguascalientes, Villa se reunió con Emiliano Zapata en Xochimilco, en cuya compañía entró a la Ciudad de México, tras desconocer la autoridad de Carranza. Francisco Villa se mantuvo en la oposición, pero fue derrotado en las batallas de León y de Celaya por las fuerzas constitucionalistas a cargo del General Álvaro Obregón, por lo que se retiró al estado de Chihuahua. El 9 de marzo de 1916, Villa cruzó la frontera y atacó el poblado estadounidense de Columbus, Nuevo México. Una expedición punitiva, a las órdenes del General John Pershing, fue enviada en represalia, pero no logró capturar a Villa. Tras el derrocamiento de Carranza en 1920, el nuevo gobierno le concedió la amnistía y se retiró a la Hacienda de Canutillo, Durango. El 20 de junio de 1923, muere asesinado en Hidalgo del Parral.
   En Chihuahua, esta época se caracteriza por la difícil situación económica y la gran inestabilidad social provocada por las demandas populares por el reparto de la tierra. La depresión mundial de 1929 tuvo efectos severos en Chihuahua; la caída de los precios internacionales de los minerales afectó las actividades mineras de Santa Eulalia e Hidalgo del Parral y San Francisco del Oro y Cusihuiriachi. En el campo la situación era más crítica. En 1935 repunta la minería; en Cusihuiriachi se reanudan las operaciones, y en Maguarichi se realiza un descubrimiento de oro. De 1936 a 1940 se pavimentan las primeras carreteras de Chihuahua a Ávalos y de Chihuahua a Ciudad Juárez.  
   El 5 de mayo de 1951 es inaugurada la carretera panamericana que unía las fronteras norte y sur de México, y en 1952, la red carretera construida para impulsar la economía de la llanura. Nueve años después, en noviembre de 1961 es inaugurado el Ferrocarril Chihuahua-Pacífico, conocido como El Chepe.
   El Chepe, inicia desde entonces su recorrido a nivel del mar, en Topolobampo, Sinaloa y alcanza los 2 mil 400 metros sobre el nivel del mar en la Barranca del Cobre, para terminar en Ojinaga, Chihuahua. Su vía se extiende 941 kilómetros, en total se cruzan 37 puentes y se adentra por 86 túneles.
   El viaje en tren a través de las Barrancas del Cobre, en Chihuahua y Sinaloa, es uno de los más espectaculares del mundo. Los dramáticos paisajes causan tanto asombro como la vía misma, una impresionante estructura que tardó más de 50 años en terminarse. Considerada en su tiempo una de las obras más impresionantes e importantes de la ingeniería mexicana. Su origen es un tanto anecdótico pues según refiere Adam Critchley, la línea ferroviaria que enlaza la ciudad de Chihuahua con la costa de Sinaloa, es el resultado del sueño que tuvo un estadounidense hace más de un siglo. Albert K. Owen llegó al puerto de Topolobampo en 1872 con la intención de establecer un colectivo de agricultores, aprovechando la fertilidad del suelo sinaloense, alimentado por 11 ríos. Al darse cuenta de que además el puerto cuenta con la tercera bahía más profunda del mundo (después de las de Sidney y San Francisco), concibió construir un ferrocarril hasta la ciudad de Kansas, para así acelerar el traslado de mercancías entre el estado de Texas y la costa oeste de México. El gobierno mexicano inició las obras del ferrocarril en 1907, sin embargo, la construcción fue interrumpida por la Revolución y por falta de recursos, y no fue sino hasta 1961 cuando se inauguró el tramo completo. El enlace ferroviario abrió por primera vez el acceso a las Barrancas del Cobre, bautizadas así por el color verdoso del liquen que crece sobre las rocas y que hasta entonces, habían sido dominio prácticamente exclusivo de los indígenas tarahumara o rarámuri, aquellos de pies ligeros.
   Es un viaje lento, dado que la vía del tren no puede inclinarse más de dos grados, y debe dar múltiples vueltas para sortear la subida desde el nivel del mar hasta los 2,400 metros. Pero la lentitud es parte del encanto; permite observar cascadas, ríos de gran caudal, insólitas formas geológicas, su variada flora y fauna, los pueblos y sus habitantes, que repentinamente aparecen enclavados entre las montañas.
   Durante el recorrido se atraviesa una gran cantidad de ecosistemas y se aprecian majestuosos e imponentes paisajes que inician a la orilla del mar. Tras menos de una hora de recorrido en zona desértica, empieza el paisaje montañoso y también la interminable subida. Las vías atraviesan el río Fuerte sobre el puente más largo del trayecto, de 498 metros. Después está la estación de Agua Caliente. El pueblo de Témoris, que lleva el nombre de una etnia de la región, se encuentra en lo alto de la montaña, arriba de la estación de tren. La siguiente parada es Bahuichivo, ya en la Barranca del Cobre, que, como se mencionó anteriormente es un complejo sistema de barrancas. cabe mencionar que, de los cañones que conforman la Barranca del Cobre, el más representativo es el de Urique, que mide unos 210 kilómetros, con una profundidad promedio de 1,250 metros  y unos ocho kilómetros de ancho. Su descenso constituye en sí mismo un reto y toda una aventura, ya que puede llevar unas cinco horas, pues las paredes del cañón están escalonadas y los taludes son muy inclinados, en compensación al esfuerzo, durante el trayecto se disfruta de diferentes paisajes. En la zona alta predomina el bosque de coníferas, resulta congratulante deleitarse con el aroma de la gran variedad de pinos, principalmente encinos, también es posible admirar a los madroños y los juníperos. A medida que se desciende, la vegetación cambia a subtropical, y en el fondo hay huertas de mango, naranjos y platanares, también se podrá saborear del fruto de las higueras cimarronas y en cuanto a la flora, se puede encontrar una extensa variedad de especies de cactáceas, carrizales y ágaves, ya que ahí se disfruta de un clima caliente. Desde el mirador hacia el Cañón de Urique se puede observar el pueblo minero que yace 2,280 metros hacia abajo, al lado del río Urique que se puede recorrer en balsa mientras serpentea como la larga y plateada huella de un caracol.
  De Bahuichivo el tren sigue durante una hora y media hasta la estación Posada, tras pasar entre huertos de manzanas, y por el pueblo de Cuiteco, con sus casas de piedra. A una altura de 2,286 metros, aquí se logran, igual que en Divisadero, donde el tren hace una escala de media hora, las mejores vistas de la Barranca del Cobre. Pequeño pueblo maderero fundado con la creación de su estación de tren, Creel yace entre bosques e insólitas columnas de rocas erosionadas por el viento que tal como si juagara con ellas, les ha dado forma de hongos y monjes que se asoman entre los árboles de las afueras del pueblo. Varias familias de tarahumaras habitan en cuevas cerca de Creel. De aquí el tren sigue a San Juanito; a 2,438 metros de altura, éste es el pueblo más frío de México. Poco a poco se abandona la montaña, los bosques de pinos le dan su lugar a enormes campos de trigo y maíz, entonces salen al paso del tren las huertas y los campos menonitas de Cuauhtémoc, poco antes de que el tren llegue a la ciudad de Chihuahua y a Ojinaga, su destino final.

 

Fuentes de información:
Enciclopedia de los Municipios de México. Chihuahua.
Montemayor Carlos. Los Tarahumaras, Pueblo de estrellas y barrancas. Ed. Aldus. 1999.
Cosío Villegas Daniel, Berna Ignacio, et al. Historia Mínima de México. El Colegio de México. 1981.
León-Portilla Miguel. Aztecas-Mexicas. Desarrollo de una civilización originaria. Algaba Ediciones. 2005.
Lumholtz, Carl. El México desconocido. Editora Nacional. México.1970.
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Palacios Rangel Rosa María