TEMPLO DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE REINA O DEL BUEN TONO
Centro Histórico. Ciudad de México

Guadalupe Reina o del Buen Tono
El Templo de Nuestra Señora de Guadalupe Reina a principios del siglo pasado tuvo un proceso de remodelación, por lo que es conocido desde entonces como del Buen Tono, y abrió sus puertas al culto público el 12 de diciembre de 1912, día de la Virgen de Guadalupe .

 

 

 

 

Al empezar la evangelización, en gran parte gracias a Fray Pedro de Gante, se construyeron varias ermitas. Entre ellas, una se ubicó en el barrio de Moyotla, en la plaza de San Juan, y fue dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe.

Durante el Virreinato de Luis de Velasco II cuatro monjas la transformaron en el convento de San Juan de la Penitenciaría. Posteriormente, en 1862, el inmueble fue renovado totalmente y, entre otras cosas, se le añadió una torre de tres cuerpos y una nave con cúpula y coro. Uno de los elementos que llaman la atención de esta iglesia es que tanto el atrio con jardines, así como la fachada, tenían detalles inspirados en el Renacimiento francés, de la época de Luis XIV y Luis XVI.

A principios del siglo pasado, se instalaron, a un costado de la iglesia, las Sociedades Anónimas de la Compañía Manufacturera de Cigarros sin Pegamento Buen Tono, cuyo propietario era Ernesto Pugibet de quien la plazoleta recibe su nombre actual. El empresario adquirió el templo del Gobierno Federal el 30 de junio de 1909, gracias a la Ley de Nacionalización expedida durante la gestión de Benito Juárez, por la cantidad de 419, 185 pesos.

Inicialmente había pensado edificar un teatro-cine y a pesar de que dicho proyecto no llevó a cabo, de igual forma y por razones que se desconocen, ordenó demoler el histórico recinto, sus rejas las envió al Castillo de Chapultepec y en su lugar encargó al ingeniero Miguel Angel de Quevedo construir un nuevo templo. Este nuevo templo, conocido desde entonces como del Buen Tono, abrió sus puertas al culto público el 12 de diciembre de 1912, día de la Virgen de Guadalupe. El costo de la obra ascendió a 654 mil 199 pesos con 24 centavos.

La vida de este inmueble trascurrió sin aspavientos y sólo se recuerda un incidente en el que tuvieron que intervenir las autoridades ya que, en 1932, el párroco encargado se quejó de que un grupo de boleros y ayudantes de chofer se instalaban afuera y convertían la fachada del templo en un frontón, llegando a romper algunos cristales. Esta situación fue resuelta rápida y eficazmente.

Seis años después, el inmueble pasó como patrimonio de la nación.

 

En una descripción realizada en la década de los 30, se habla de ella como un soberbio templo, de forma rectangular, construido de mampostería de cantera, con techo de bóveda de cañón y cubierto de mosaico de colores. Se encuentra ahí una representación pictórica del Vía crusis junto con la imagen de la Virgen de Guadalupe.

El piso de los altares, el presbiterio y del altar mayor son de mármol al igual que las 12 columnas, empotradas en los muros laterales, que sostienen la bóveda. También el coro tiene 4 columnas de mármol y posee un bello órgano Walker de 1912. En la sacristía los pisos son de duela, mientras que la pila bautismal es de madera con tallados artísticos.

Un detalle que llama la atención son los inmensos vitrales que representan a San Pablo, Santiago, San Bartolomé, San Andrés, San Lucas, San Marcos, San Pedro, San Juan, Santo Tomás, San Mateo, San Felipe, acompañados de un óleo en el que aparece San Juan Bautista.

Esta iglesia tiene tres portadas; la primera se ubica al centro con acceso en arco de tres puntos, con clave en forma de ménsula coronada. En la parte superior luce una guirnalda en armonía con una faz de niña con las alas extendidas. Las portadas laterales tienen un frontón triangular, con un ojo de buey, una espadaña, una cruz y unos jarrones. El altar mayor es modesto; tiene un Cristo enmarcado con una pintura de la Virgen de Guadalupe.

 


© Derechos Reservados conforme a la Ley, DGPIF, noviembre del 2002.