CASA DE ALVARADO
DELEGACIÓN COYOACÁN, CIUDAD DE MÉXICO

Fotografía: www.coyoacan.df.gob.mx
  

 

   Coyoacán tiene el prestigio y la fama de haber abrigado los primeros asentamientos de los españoles que llegaron al Valle de México con Hernán Cortés. Luego de la caída de Tenochtitlan, el conquistador se estableció en Coyoacán mientras se reconstruía el centro de lo que sería la Ciudad de México. Primero campamento militar, Coyoacán se convertiría, poco a poco en un pueblo clásico colonial mexicano. Hoy se conservan aún numerosos sitios, con monumentos de gran importancia histórica, testigos de los tres siglos de dominación española. Entre ellos está, por supuesto, la llamada Casa de Alvarado. El inmueble se encuentra ubicado en la Calle de Francisco Sosa, número 383, Barrio de Santa Catarina, Coyoacán. Cuenta Salvador Novo, en su libro Grandeza Mexicana, que la arqueóloga Zelia Nuttall compró, arregló y habitó la propiedad y que fue ella quien dejó prosperar la leyenda de que había sido la residencia del Conquistador Alvarado, sin embargo, no existen testimonios históricos que lo aseguren.
   Jorge Enciso, historiador y ex director de Monumentos del gobierno de la Ciudad, nos dice que el Alvarado de esa casa era un comerciante del siglo XVIII, quien construyó y habitó la propiedad. Se trata de una Quinta Virreinal de hacendados españoles y su estructura es un ejemplo clásico de la arquitectura local del siglo XVIII.
   Esta residencia es uno de los inmuebles más sobresalientes del Barrio de Santa Catarina, localizada en el paraje de Achayahuacan. El inmueble se distingue por sus características arquitectónicas. Su fachada está decorada a base de ajaracas de argamasa, destaca en ella su portada de acceso constituida por enmarcamiento de cantera con prolongaciones de jambas a la cornisa superior, las cuales muestran en sus impostas mascarones labrados con rostros de ángeles.
   En la parte superior se advierte un nicho que contiene la escultura en piedra de San Juan Nepomuceno con un basamento mistilíneo flanqueado por pequeñas pilastras con águilas y conchas labradas y cerrado por una concha o venera que corona una cruz desplantada sobre esfera de piedra. Remata la fachada una cornisa ondulante terminada al centro en roleos. Otro elemento importante es el portón principal de madera entablerada realizado en la década de 1930, así como el portón secundario del mismo material con chapetones en bronce. En medio de ambos portones existe un vano de ventana con herrería forjada y plomos.
   En el lado derecho de la fac}chada tiene dos niveles con cuatro vanos de ventana, dos en cada nivel; las de la planta baja prolongan sus jambas ornamentadas por máscaras de argamasa y anagramas de la Virgen María y San José en sus frisos; entre los dos balcones superiores se muestra un relieve de argamasa en forma de cruz. Al patio principal se ingresa  mediante un zaguán de tres vanos, en este patio existe una fuente de cantera de planta mixtilínea con recubrimiento de azulejos de Talavera en el interior del brocal. Del lado izquierdo, el patio presenta un pórtico compuesto por pilares que soportan zapatas y gualdra de madera; otro pórtico frente al anterior está formado por una serie de arcos carpaneles dovelados en piedra y ladrillo soportados por pilares de cantera.
   La edificación data del siglo XVlII, en ese momento era propiedad del corregidor Jacinto Cervantes, quien en señal de posesión del inmueble  -otorgada por mano del duque de Terranova- ­realizó una ceremonia antigua de carácter simbólico, en la que se abrían y cerraban puertas, y además se tiraban piedras. En 1702 Cervantes otorgó la posesión de la casa a don José de Salamanca, que aparece todavía como su dueño en 1728. En 1785 perteneció a Antonio García, al año siguiente fue valuada por el famoso arquitecto Francisco Guerrero y Torres. En 1890 estaba en manos del señor Cástulo Zenteno, quien la reedificó con cuidado para mantener su estilo virreinal. En esta fecha la casa fue descrita por Francisco Sosa como un verdadero monumento histórico cuya belleza obligaba que los viajeros y transeúntes se detuvieran a contemplarla.
   Como se mencionó con anterioridad, ZeIia Nuttall la arqueóloga norteamericana famosa por el descubrimiento del códice míxteco que lleva su nombre, y codescubridora con Francisco del Paso y Troncoso de la crónica de la Nueva España de Francisco Cervantes de Salazar, compró esta finca en 1902. Según las palabras de Nuttall: con la ilusión de que habla pertenecido antiguamente a Pedro de Alvarado, descartó su antiguo nombre de Quinta RosaIía y colocó un tablero con caracteres góticos que rezaban Casa de Alvarado sobre la puerta de la entrada. Al entrar en posesión de la casa, Zelia Nuttal y su hija cerraron y abrieron puertas y tiraron piedras en presencia de algunas amistades, repitiendo la misma ceremonia que el corregidor Jacinto Cervantes había realizado en el siglo XVIII. Más adelante en uno de sus artículos sobre este inmueble, hizo un detallado estudio sobre la vida del conquistador en el que demostró la imposibilidad de que Alvarado haya tenido la oportunidad o necesidad de construir y vivir en Coyoacán, y por lo tanto que el nombre de Alvarado dado a la casa colonial citada proviene de una conjetura o leyenda romántica de invención moderna, y no tiene base histórica. Zelia NuttaIl guardaba en este edificio una hermosa colección de piezas prehispánicas, además de los exquisitos muebles mexicanos antiguos con los que había amueblado la casa. Auguste Genin en su obra Poémes choisís (Paris, Édítions de la France Uníverselle, s.f.) tiene un hermoso verso en el que menciona las glícinias de Coyoacán: Coyoacan avec ses lilas, ses glícinies.
   Hacia 1923 la Casa de AIvarado recibió la visita del distinguido escritor inglés David H. Lawrence, quien más tarde habló en su novela La Serpiente emplumada de su propietaria como la señora Norris, arqueóloga y de su casa roja, amarilla... en las afueras de la Ciudad de México. En 1932 Federico Gómez de Orozco relató que con permiso de la dueña se podía visitar el hermoso jardín de la residencia. Esta residencia fue declarada monumento histórico el 27de abril de 1932 por la Dirección de Monumentos CoIoniales. Zelia Nuttall, como su propietaria, criticó el dictamen que sostenía que la casa tenía un valor histórico relacionado con el conquistador, a la vez que sostuvo que no podía afirmarse que el inmueble se hubiera construido sobre los restos de otro edificio del siglo XVII hasta que no se llevaran a cabo las debidas excavaciones.
   En 1933 la casona estaba arrendada al señor Kent Leavity, en 1937 perteneció a Robert D Elder, quien la vendió durante ese mismo año a Thomas B. Miller. En 1938, la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos autorizó la realización de obras de conservación y aseo general. Posteriormente, el arquitecto Flores Marini restauró y remodeló la residencia. Entre 1977 y 1980 fue propiedad y sede de la Enciclopedia de México. Durante este periodo el clasificador del Instituto de Biología de la UNAM, Rafael Hernández realizó la identificación del árbol de manitas, las araucarias, magnolias y glicinas que poblaban los jardines. En este último año se autorizó el cambio de uso del suelo para desempeñar actividades comerciales.
   Cinco años más tarde, en 1985, se estableció en este lugar la Biblioteca de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, sin embargo, continuó como propiedad privada. Mediante escritura pública se puede constatar que con el 6 de marzo de 1985 fue adquirida por el entonces Departamento del Distrito Federal por la cantidad de 193 millones 260 mil pesos.
   En 1990 se realizaron algunas reparaciones y se le incluyó como una obra civil relevante dentro del decreto Zona de Monumentos Históricos. De acuerdo con una descripción publicada en 1995, la llamada Casa de Alvarado de construcción sólida es representativa de una finca semirrural perteneciente a una familia acomodada de finales del virreinato. En 1996, el jardín todavía conservaba su antiguo trazo con andadores, fuentes y pérgolas.
   Mediante decreto presidencial de fecha 29 de septiembre de 1997, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 6 de octubre del mismo año, se desincorporó del régimen de dominio público del Distrito Federal, y se autorizó al Departamento del Distrito Federal para llevar a cabo su enajenación a título gratuito a favor del Gobierno Federal.
   Posteriormente, mediante otro decreto presidencial se autoriza a la Secretaría de Contraloría y Desarrollo Administrativo para que a nombre y representación del Gobierno Federal, se enajenara a título gratuito en favor de la Fundación Octavio Paz, Asociación Civil, a fin de que fuera utilizado como edificio sede para el desarrollo de sus objetivos sociales. De hecho el poeta pasó sus últimos días en el inmueble luego del trágico incendio que destruyó parte de su biblioteca en su hogar anterior.
   En 2004 el inmueble quedó adscrito bajo la responsabilidad del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), con la finalidad de que el inmueble albergue la Fonoteca Nacional y con ella el patrimonio sonoro del país con archivos públicos y privados, entre ellos el del Festival Internacional Cervantino (FIC), el Instituto Mexicano de la Radio (Imer) y Radio Educación.
   La Fonoteca sigue enriqueciendo sus acervos. El proyecto se inició con el patrimonio sonoro de Radio Educación, calculado en 100 mil fonorregistros que contienen música, voz, dramatizaciones, testimonios y programas de todo tipo; cuenta con dos grandes fondos. Por otro lado, el Imer cuenta con 33 mil cintas de carrete abierto y 11 mil elepés procedentes de las radiodifusoras de este instituto. En tanto que el FIC dispone de uno de los archivos sonoros más importantes del país, con grabaciones de los 32 festivales que se han organizado a lo largo de las últimas tres décadas: se trata de grabaciones únicas con conciertos importantísimos.
   Dada su importancia se requiere que los materiales estén guardados en óptimas condiciones, por lo cual serán dados en comodato a la Fonoteca Nacional, para que el acervo se digitalice y se ponga a disposición del público interesado que quiera escucharlo o consultarlo, con la idea de que estos acervos no sólo se conserven en bóveda, sino que se usen para fines educativos y culturales. Para la construcción de la Fonoteca se realizaron proyectos arquitectónicos que contemplaron la restauración y construcción de instalaciones hidrosanitarias, eléctricas y de aire acondicionado, así como el montaje de bóvedas especiales para albergar el material sonoro.
   Es así que este legendario monumento se consagra, finalmente, al acopio, actualización, mantenimiento y enriquecimiento de esta nueva memoria auditiva del país: la Fonoteca Nacional.

Fuentes de información:
Expediente del Indaabin
Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles de Propiedad Federal. Conaculta-INAH. México.2002.

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