PALACIO FEDERAL DE COLIMA
Centro de la Ciudad de Colima

 

La construcción es majestuosa; por sí misma realza el centro de la ciudad; las pinturas plasmadas en los muros del segundo nivel representan un tesoro artístico de gran valía; ha tenido diversos usos en poco más de un siglo y para rematar, como Quijote con los molinos del viento, ha luchado y sufrido varios percances ocasionados por varios sismos y se mantiene en pie.

El Palacio Federal de Colima, situado en el cruce de las calles de Francisco I. Madero y General Núñez, frente al hermoso jardín del mismo nombre, fue planeado por el arquitecto tapatío López de Lara y ratificado por su colega Máximo Vázquez, a principios del siglo XX.

Durante buena parte del siglo XVIII, este predio sirvió como el cementerio de los colimenses, que fue clausurado debido al crecimiento de la ciudad por lo que resultaba insuficiente, luego se ubicó una humilde casa de teja habitada por una pareja de ancianos, posteriormente fue una tienda cuyo propietario era un extranjero de apellido Manke, más tarde se convirtió en botica, otro tendajón para después ser habilitado como el Mesón de San Felipe, que contaba con un amplio zaguán, espaciosos corredores y hasta departamentos para los comensales que desearan pernoctar.

Con base en el excelente libro "El Colima de ayer", escrito por el maestro Francisco Hernández Espinosa, se desprende que a fines del siglo XIX este terreno fue adquirido por Blas Ruiz, periodista, telegrafista, comerciante, alcalde en dos municipios, cónsul de Guatemala en el puerto de Manzanillo y sobrino de Don Ponciano, rico comerciante, agente aduanal y gambusino.

El propósito de este potentado era edificar su casa, aunque al mismo tiempo estableció una casa de comisiones y el llamado Edificio Ruiz. Por añejas rivalidades políticas, el gobierno estatal confiscó el inmueble e instaló la Oficina de Intervención y Confiscación de Bienes, que servía para vigilar el cumplimiento de la prohibición de exportación de productos básicos, así como la obligatoriedad de usar papel moneda de 20 pesos.

Entre 1928 y 1931 se llevaron a cabo los juicios mercantiles, con los que finalmente el 6 de febrero de 1934 se escrituró el inmueble a favor del Gobierno Federal, que lo compró por 40 mil pesos.

La construcción cuenta con dos plantas y tenía originalmente un par de miradores, mismos que en las varias remodelaciones que se han hecho fueron derruidos, al igual que una bella escalera de madera, tallada por el ebanista Pedro Zamora.

Desde aquellos tiempos, el edificio se destinó para las oficinas de correos y de varias dependencias. Actualmente, despacha ahí personal del SAT, del IFE local y de los servicios de Correos y Telégrafos.

Un primer incidente de grandes proporciones tuvo lugar con el terremoto acaecido el 5 de abril de 1941, con el que se derrumbó una fracción situada justo en la esquina, por lo que dio pasó a intensos trabajos de reconstrucción.

De estilo neoclásico-ecléctico tiene una importante influencia del estilo que imperó durante el Porfiriato, es decir, de origen francés: hay un almohadillado con cierta semejanza a sillares en jambas, dinteles y pilastras.

Vale la pena mencionar que cuando fue erigido, la piedra fue trasladada en burros desde un arroyo y los potreros de La Estancia, por gente servicial de la ciudad.

El cuerpo principal del edificio está asentado sobre un cuadrangular regular de dos niveles, ambos con portales hacia el patio central, mientras que el segundo corresponde a un periodo más reciente.

10 columnas pareadas de estrías son el marco del pequeño patio central, que está adornado con una fuente al centro y cuatro palmeras que le dan un toque vistoso, que se colocaron en los trabajos de restauración que hiciera la Comisión de Avalúos y Bienes Nacionales en 1998.

Algunos muros, escalinatas y techos del inmueble tenían lujosos grabados originales de artistas como Mercedes Zamora, Emilio W. Parra y Antonio Cedeño, que posiblemente fueron hechos cuando era casa de Blas Ruiz, allá por 1908. Lamentablemente, varias de estas obras de arte no pudieron ser conservadas y se perdieron irremediablemente.

Las pinturas que se conservaron fueron una de Fray Bartolomé de las Casas, obra de Mercedes Zamora; "El puerto de Acapulco", de Cedeño; "El baño azul", "El ahuehuete de la noche triste", "El baño de Netzahualcóyotl", "Paisajes de sauces del río", "Monumento a Cuauhtémoc" y "Posible estatua", todos ellos del maestro Parra. Además, existe un fresco llamado "El Castillo de Chapultepec", sin firma.

Para mala fortuna, con el sismo registrado el pasado 21 de enero del 2003, el inmueble sufrió varias cuarteaduras que dañaron los grabados, por lo que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), tendrá que realizar diversas labores de restauración.

De igual forma, en la parte baja del edificio se halla una inmensa tina manufacturada en cantera, a un costado se pueden apreciar restos de dos pinturas, aunque se desconoce la autoría, ya que se encuentran en mal estado.

Como parte importante de la muestra arquitectónica en la ciudad de Colima, está el Palacio Federal, que significa una muestra del buen gusto y realce artístico digno de admirarse.


© Derechos Reservados conforme a la Ley, DGPIF, abril del 2003.