BIBLIOTECA DEL H. CONGRESO DE LA UNIÓN
Centro Histórico de la Ciudad de México

Un buen día en 1568 la familia Sánchez integrada por Antonio, su esposa Francisca Galván y sus cinco hijas decidieron ceder su casa para que ahí se construyera el Templo y la Capilla de Santa Clara, al cuidado de las Madres Clarisas. Las seis mujeres determinaron enclaustrarse en el lugar que 400 años después se convertiría en la Biblioteca del H. Congreso de la Unión, cuyo acervo documental es invaluable.

En todo este tiempo los usos y costumbres de este inmueble federal han sido de los más variados: templo religioso, Dirección de Beneficiencia, cuartel de soldados, observatorio astronómico y hasta una cantina.

Ubicado en Tacuba 29 esquina con Bolívar, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, cuenta con 845 metros cuadrados de superficie y según un avalúo efectuado en 1972, tenía un costo hace 30 años de 4 millones de pesos.

109 años luego de ser edificado, ocurrió un incendió que obligó a levantar un nuevo templo, así como una nueva capilla que estuvieron listos en 1725. Posteriormente, en 1861 fue ocupado el edificio como sede de la Dirección de Beneficiencia, y años más tarde fue utilizado como cuartel de soldados, y poco más adelante sirvió como observatorio astronómico.

La Iglesia católica lo recuperó para el culto público. Reinstaló un templo llamado de la Purísima Concepción en 1730. Los muros y contrafuertes eran de mampostería de tezontle; la fachada, pilastras, arcos, bóvedas y la cúpula eran de cantera; mientras que los escalones de granito; los altares de mármol y la reja y portón de hierro.

Así pasaron celebrando misas del siglo XVII al XVIII. Sin embargo, con las Leyes de Reforma expedidas por el gobierno de Benito Juárez en julio de 1859, este predio propiedad del clero fue nacionalizado.

El abandono hizo mella en las instalaciones y fue en 1882, cuando el Gobierno Federal vendió el inmueble en siete mil 300 pesos con todo y torre, capilla, atrio y coros a Eugenio Folletete, quien a su vez lo ofertó a Carlos Rivas. Finalmente paró en manos del Primer Mandatario, General Manuel González.

Respecto al ex templo de Santa Clara, luego de servir para otras funciones arriba mencionadas, el inmueble fue cedido al Congreso de la Unión para que hiciera en el sitio una biblioteca abierta al público, acerca de cuestiones legislativas y en general de temas importantes para el país.

Empero, al paso del tiempo se le han tenido que hacer remodelaciones. En 1942 le fueron detectadas grietas y cuarteaduras verticales en las bóvedas, así como la formación de goteras, con lo que se tuvieron que consolidar los muros de los entrepaños.

Más adelante, en 1950 y a raíz de la caída de una lámpara, se sugirió trasladar la biblioteca a otro lugar, debido a que el costo de una remodelación resultaba muy costoso (se hizo después), y porque el local era insuficiente para los cientos de estudiantes que acudían al centro. La recomendación provino de la Dirección General de Bienes Nacionales, mediante el Departamento de Ingeniería y Arquitectura.

No obstante, la Biblioteca ha continuado con sus servicios sin interrupción y está a punto de cumplir su primeros 50 años.

Acerca de la capilla anexa, por alguna razón que se desconoce, a principios del siglo XX, el Presidente de la República Manuel González la vende a Manuel Echeverría en 29 mil pesos. El nuevo dueño decide establecer en el sitio una cantina.

Para convertir una capilla en este negocio, fue necesario demoler el campanario, abrir una puerta en el muro para la calle de Bolívar, así como desaparecer el labrado en las columnas.

Ahí surgió el nacionalismo mexicano pues el señor Echeverría era de origen español, con lo que desató dos tipos de protestas: una en el sentido de que era imposible que un inmueble histórico fuese utilizado como bar; y otra condenando que el propietario fuera extranjero.

Desde 1937 iniciaron las protestas de diversos sectores de la sociedad contra este establecimiento.

"Ante usted señor Secretario, hago formal denuncia de que tal predio dependiente de un monumento arqueológico, es propiedad de la Nación, y no ha podido ni puede pasar a propiedad de un particular, y menos extranjero", dice un oficio enviado por el señor Armando Islas al titular de la Secretaría de Bienes Nacionales e Inspección Administrativa en 1953.

Provocado por las presiones ciudadanas, Echeverría vende el bar a Julio R. Lara Sosa ese mismo año. El descuido hace de este sitio un basurero, y no fue sino hasta 1962 cuando es rescatado por José Miguel Reyna, quien construye el edificio "Santa Clara" de ocho niveles junto a la Biblioteca del Congreso de la Unión.


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