PARROQUIA DE SAN COSME y SAN DAMIÁN
Ciudad de México

San Cosme y San Damián
A este inmueble le precedió en 1568 un hospital con su ermita para los indígenas que llegaban a la ciudad. Este centro clínico se estableció bajo la advocación de los Santos Cosme y Damián, quienes fueron médicos mártires en el siglo III y el fundador fue Fray Juan de Zumarraga, primer Obispo de México.

 

Dueña de una amplia gama de arte sacro y virreinal, la Parroquia de San Cosme y San Damián cumple más de 330 años con la historia a cuestas y una arquitectura ejemplo de las tendencias que prevalecieron en el siglo XVIII.

Ubicado en la primera calle de Serapio Rendón, en la colonia San Rafael de la Ciudad de México, el templo combina la belleza visual y la espiritualidad.

A este inmueble le precedió en 1568 un hospital con su ermita para los indígenas que llegaban a la ciudad. Este centro clínico se estableció bajo la advocación de los Santos Cosme y Damián, quienes fueron médicos mártires en el siglo III y el fundador fue Fray Juan de Zumarraga, primer Obispo de México.

Hacia 1669 los religiosos Franciscanos convirtieron el nosocomio en una casa de recolección con el sobrenombre de Santa María de la Consolación.

Tres años después, el 29 de agosto de 1672, esta orden religiosa puso la primera piedra de la construcción actual y edificaron el convento incluida una huerta bajo los auspicios de Don Agustín Guerrero.

La obra fue concluida el 13 de enero de 1675 siendo el Arzopispo Fray Payo Enriquez de Rivera. Cabe destacar que la iglesia se terminó gracias a los auspicios del Capitán Domingo Cantabria, quien invirtió 700 mil pesos en este proyecto.

Ya en 1854, con los cambios políticos de la época, parte del convento se destinó a un hospital militar, por orden del entonces Primer Mandatario, Antonio López de Santa Anna, mientras que la Parroquia quedó a cargo del clero diocesano.

Posteriormente, en junio de 1861, el Presidente Benito Juárez quitó el centro clínico y lo destinó al colegio de San Pedro y San Pablo. Este inmueble fue declarado Monumento Nacional el 2 de septiembre de 1931.

Hablar del hermoso retablo churrigueresco del siglo XVIII es un verdadero placer: es todo de madera con polvo de oro; se compone de tres calles limitadas por estípes, zócalo, predela y dos cuerpos rematados por un Cristo crucificado de estilo barroco.

 

La calle central ostenta nichos en las esculturas de Santa Teresa de Avila. Por encima del retablo o altar mayor, aparecen dos telas de los Santos Cosme y Damián.

En la nave se pueden apreciar óleos de la Guadalupana, la Trinidad y la Inmaculada, así como San José con el niño Jesús. En total, hay 83 figuras en esta parte del templo.

La nave de planta es rectangular con cinco tramos formados por majestuosos arcos torales. La cúpula es octagonal con pechinas de los cuatro evangelistas y decoración barroca del siglo XVIII.

El presbiterio está cubierto por una bóveda de arista y sede de madera labrada en motivos vegetales. El ábside cuenta con otro magnifico retablo churrigueresco que perteneció al convento de San Joaquín, mismo que fue trasladado y adaptado a esta iglesia en 1932. Los confesionarios son de madera y también de estilo churrigueresco.

En el exterior, este inmueble tiene un amplio patio con jardines. La fachada corresponde al barroco sobrio, en tanto la portada está hecha de cantera con cerramiento en arco de medio punto limitado por pilastras dóricas que sostienen un entablamiento.

Mención aparte merece el relieve que representa a la Sagrada Familia con dos medallones de cantera. Sobre éste, se puede observar un óculo mixtilíneo con figuras de la Virgen. Hacia la izquierda de la fachada está la torre con campanario, cupulín y linternilla.

Bien vale la pena hacer una visita a este templo cuya riqueza histórica es de resonancia.


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