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Fotografía: Instituto Nacional de Antropología e Historia
Ubicado en el en el Jardín Juárez del centro de la ciudad de Guadalupe, a seis kilómetros de la ciudad de Zacatecas, en la carretera hacia Aguascalientes, el museo ocupa una parte significativa de lo que fuera el Colegio de Propaganda Fide(Propagación de Fe) de Nuestra Señora de Guadalupe de Zacatecas.
Zacatecas es el estado más montañoso de la República Mexicana, cruzado en su parte media, de noroeste a sureste, por la sierra de Zacatecas. La palabra zacatecas significa habitantes de la tierra donde abunda el zacate. Se deriva de los vocablos: zacatl, que significa junco, hierba o grama, y el locativo co; ambos componen el término zacatécatl, cuyo significado es: habitante de Zacatlán (sitio donde abunda el zacate). La región tiene su más lejano origen cuando hace aproximadamente diez mil años arribaron sus primeros pobladores, y hallaron un escenario muy distinto del que hoy se conoce en una región favorecida por la naturaleza, en la que el cerro de La Bufa y sus contornos geográficos estaban poblados de variadas formas de vida y eran coto de caza y de recolección de frutos por parte de sus antiguos pobladores.
Las diversas tribus chichimecas que habitaron en el territorio zacatecano fueron los caxcanes, guachichiles, guamares irritilas, huicholes, tecuexes, teules, tepehuanes, coras y zacatecas que conformaban un grupo chichimeca que hasta la llegada de los españoles habitó la región circundante al cerro de La Bufa. Esta última tribu fue una de las más importantes y de ella derivó el nombre de la capital y del estado. Por su parte, los caxcanes ocuparon gran parte de lo que hoy es Jalisco y Zacatecas.
Después de la Guerra del Mixtón que libraron los caxcanes con españoles en 1541, algunos soldados hispanos se dedicaron a buscar riqueza en el norte, entre ellos, Juan de Tolosa, quien guiado por un poblador originario llegaría el 8 de septiembre de 1546, hasta lo que hoy es Zacatecas. Ese mismo día regresó de nueva cuenta hacia el sur con algunas muestras de piedras que contenían muy buena ley de plata y plomo. Pocas semanas después comenzaron a llegar, tras Tolosa y bajo el patrocinio de Cristóbal de Oñate, muchos interesados en la búsqueda de vetas pues la riqueza mineral del subsuelo atraería mucha gente, entre ellos, Diego de Ibarra, Baltasar Temiño de Bañuelos y Andrés de Villanueva quienes producirían grandes ingresos a la corona española. De esa forma se fundó “la aristocracia de la plata”. Esta riqueza provocó que Zacatecas se convirtiese, en pocos años, en una de las poblaciones novohispanas más importantes y pobladas, después de la Ciudad de México.
Además de la riqueza y del aumento progresivo de la población, otro elemento se sumó para que llegara a ser considerada como la segunda ciudad más importante de Nueva España: el establecimiento de órdenes religiosas, entre las que se destacó la franciscana. Zacatecas se convirtió así en uno de los principales centros de operaciones misionales novohispanas.
Tres lustros antes de finalizar el siglo XVI, Zacatecas recibió el privilegio del título de Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas, por Real Cédula expedida en 1585, por el monarca español Felipe II. Tres años después el mismo monarca concedió a esta ciudad el título de Muy Noble y Leal, así como el escudo de armas, privilegio del que gozaron muy pocos pueblos y ciudades durante el virreinato. No resulta inexacto afirmar que durante la época colonial, la economía de la Nueva España se basó en la explotación minera, y que fue tal el auge de esta industria, que impulsó el surgimiento de varias ciudades en donde se erigieron las que hoy son invaluables joyas arquitectónicas.
Situado en la región centro o de los valles del noreste de la ciudad de Zacatecas, en la cuenca del río Lerma Santiago, el primer nombre que recibió el lugar donde hoy se encuentra el municipio de Guadalupe de Rodríguez fue “Huertas de Melgar” o “Lo de Melgar”. El primer asentamiento colonial del que se tiene memoria, ocurrió el 16 de julio de 1578 cuando Diego Chávez de Montero se estableció mediante una Merced denominada “Suerte de Huerta”.
En 1603 se fundó la provincia franciscana de Zacatecas, cuarenta y siete años más tarde, en el año de 1650, se edificó en la hoy ciudad de Guadalupe de Ramírez, la capilla dedicada a la virgen del Carmen, sin embargo, ésta quedó en ruinas en el año de 1680. Paralelamente se construyó un nuevo santuario dedicado a la virgen de Guadalupe que obtuvo la licencia eclesiástica el 16 de enero de 1677, en los terrenos de la huerta que fueron donados por la señora Jerónima de Castillo viuda de Melgar y por su hija Juana Melgar. Tiempo después, los franciscanos fundaron un hospicio con el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe en el mismo lugar donde se encontraba la capilla dedicada a la virgen del Carmen.
El santuario fue fundado el 12 de enero de 1707 por fray Antonio Margil de Jesús, de la Orden de los Frailes Menores, acompañado de los religiosos Pedro Manuel de la Concepción Urtieaga y José Castro. Con la creación de este convento la villa adquirió gran fama y reputación. El Colegio de Propaganda Fide(Propagación de Fe) de Nuestra Señora de Guadalupe de Zacatecas fue el tercero de los colegios de su tipo en América. Originalmente contó con una extensión de 25 kilómetros cuadrados y fue construido con el apoyo de donadores y del Ayuntamiento de Zacatecas.
En los albores del siglo XVIII, el Convento de Guadalupe se levantó como el colegio de propagación de fe más importante de América. En este aislado paraje, bajo la disciplina rigurosa de los franciscanos, se formaron 350 frailes con el propósito de evangelizar la zona norte de la Nueva España, la región amplia e inhóspita de la gran chichimeca, donde prevalecía la resistencia de numerosos grupos de pobladores originarios, los llamados infieles, que se negaban a ceder sus territorios y asumir el dominio virreinal.
La orden de san Francisco de Asís dejó obras de un valor artístico indiscutible. Sus inmuebles coloniales son custodios de objetos inapreciables, tanto por su excelente factura como por su profundo simbolismo. En sí mismos, esos recintos pueden ser considerados verdaderas obras maestras de arquitectura, fieles retratos de la personalidad franciscana que refleja su mística.
Debido a las Leyes de Reforma, en 1859, los franciscanos fueron enclaustrados y el inmueble fue cedido por el gobierno de Zacatecas para distintos usos. Cumplió las funciones de vecindad, caballeriza y fábrica de cerillas. Años después, algunos franciscanos regresaron y ocuparon los claustros inmediatos.
En 1862, como resultado de la iniciativa de las autoridades municipales, en una parte del edificio se fundó la Escuela de Artes y Oficios de Guadalupe. En 1878 el general Trinidad García de la Cadena propuso la fundación del Hospicio para niños de Guadalupe, y en 1881 se estableció el asilo de niñas. En 1908 se suprimieron los colegios de propaganda Fide, más no el seminario franciscano. En 1971 se cerró el hospicio de niños y sus espacios se incorporaron al Museo de Guadalupe.
Así, en el Convento y la Iglesia de Guadalupe Zacatecas encontramos un sitio único, hoy en día convertido en pinacoteca, mientras que el fue hospicio funciona como el Museo Regional de Historia. En su interior alberga una de las colecciones de pintura virreinal más importantes de México; en la capilla del altar mayor está la imagen de la virgen de Guadalupe, en la capilla obscura se localiza un crucifijo tallado en madera y la imagen de la Virgen María iluminada bajo una luz directa. La capilla de Nápoles construida de 1850 a 1885, recibe este nombre por ser recinto de la imagen de la Purísima Concepción, enviada desde Nápoles por la esposa de Felipe V, doña Isabel de Farnecio, esta capilla de excelentes proporciones, es la mejor obra arquitectónica del museo, producto de una combinación de estilos en la que destacan elementos barrocos y neoclásicos.
En el frontispicio destaca un relieve de san Francisco de Asís que sostiene a la virgen de Guadalupe. El atrio es una réplica del que tenía el Colegio Apostólico de Querétaro.
El inmueble conserva su aspecto original. Los claustros alto y bajo, se encuentran cubiertos con pinturas sobre la Pasión de Cristo y la vida de san Francisco de Asís, respectivamente. En el Claustro de san Francisco hay 26 lienzos que representan la vida del santo de Asís, desde su nacimiento hasta su canonización. Recientes investigaciones comparan el estilo de estos lienzos con el del Claustro de la Pasión de Cristo, cuya autoría es atribuida a Ignacio Berben.
Por su majestuosidad, la escalera regia es una de las más importantes del arte virreinal de América. Resulta admirable la calidad estética de sus pinturas, realizadas en el siglo XVIII por reconocidos pintores de la escuela del barroco mexicano, entre los que destacan los pintores Miguel Cabrera y Juan José Ríos Arnáez. Desde su último descanso se puede apreciar una de las representaciones más hermosas de san Cristóbal, pintada por Nicolás Rodríguez Juárez. Entre su acervo, el museo cuenta con obras de reconocidos pintores del virreinato como el ya citado Miguel Cabrera, Juan Correa, Cristóbal de Villalpando, Luis Juárez, José de Ibarra, Nicolás Rodríguez Juárez y Antonio de Torres entre otros. También se pueden apreciar piezas de arte plumario y cristos de caña de maíz.
En la biblioteca se conservan valiosos volúmenes que formaban parte del acervo original del Colegio de Propaganda Fide que contaba con varias bibliotecas: la librería guadalupana, grande o común; la del noviciado y la de cada fraile. En total llegaron a reunir más de 30,000 volúmenes. Actualmente se exhiben más de 9 mil libros que en su mayoría fueron adquiridos por los franciscanos en el periodo que siguió al enclaustramiento. Los temas que sobresalen son hagiografía, ascética, catequética, derecho canónico y otros temas religiosos. Sus ejemplares se encuentran en latín, español y otras lenguas europeas.
La arquitectura del convento es plenamente barroca, aunque, como ya se mencionó, algunos espacios no fueron construidos sino hasta el siglo XIX. En el coro del templo se conserva la sillería original de madera tallada con representaciones de la letanía lauretana y figuras estofadas de santos relacionados con las órdenes religiosas. Desde este espacio se puede apreciar la capilla de Nápoles, magnífica joya construida en el siglo XIX. El área del coro es un lugar excepcional desde muchos puntos de vista. Su acústica -por demás perfecta- presenta un fenómeno pocas veces visto: si en uno de los extremos del recinto coral alguien murmura en voz muy baja, una persona que se halle en el lado opuesto -muy distante-, puede escuchar claramente lo que la primera persona ha susurrado, sin que las personas que se encuentren entre ellos, en el centro del salón, escuchen algo, por lo que esos dos sitios se denominan “las esquinas del secreto”.
Al área del coro se accede a través del anticoro. En este espacio se encuentra la entrada al área del padre campanero, a la sala de los fuelles y al salón del coro, propiamente dicho. En el área de fuelles se exhiben actualmente, algunos volúmenes de los libros corales, que datan de principios del siglo XVI. De gran espesor y cubiertos con pastas de madera forrada con piel, tienen además broches metálicos de hierro forjado hermosamente decorados. Cada uno consta de 60 páginas de pergamino, y están escritos en latín por amanuenses que dibujaron notables letras capitulares, que constituyen una obra de arte en sí mismas. Ahí están: el Libro de Cantos de fray Festos S. Joseph; Libro de cantos, de autor anónimo; Libro segundo de Antífonas, anónimo; Libro Antiphona, anónimo; Libro Santa Mater Istud Agas, anónimo; Libro Oficium Behd Omadre Sanctae, anónimo y el Libro Oficium de Requiem, de Arbure. Muy notable es el himno Alabado compuesto por el padre fray Antonio Margil de Jesús, fundador del Convento de Guadalupe, plegaria muy conocida y cantada incluso por mineros y campesinos durante más de dos siglos.
El coro está amueblado con 36 sillas grandes y 24 bajas. Al centro, un gran facistol de madera tallada. El lugar se encuentra embellecido con pinturas y esculturas, hechas ex profeso, y con el magnífico trabajo del tallado de la madera en que está fabricada la sillería. El mobiliario de este coro fue manufacturado funcionalmente, para que cada uno de los frailes pudiera hincarse, sentarse y ponerse de pie en el mismo espacio de la silla. Cada una de las sillas grandes es de madera tallada a mano a punta de cuchillo, ensamblada y policromada. Los brazos tienen terminación trilobulada que simboliza al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Las sillas están coronadas con un acabado enconchado como guardapolvo, en forma de venero afiligranado y dorado, en su respaldo se aprecian sendos medallones cuyo fondo son enredaderas de hojas y flores que forman el Árbol de la Vida. En la silla grande del centro se encuentra el escudo de la orden franciscana y también una escultura articulada de san Francisco de Asís, de tamaño natural, tallada en madera, que pareciera estar dotada de vida. Las sillas bajas fueron talladas a mano, algunas de ellas tienen un atril y en la parte trasera, repisas para colocar los breviarios y rosarios utilizados en sus ceremonias.
Todo el conjunto de la sillería coral, tiene asientos plegables que ayudaban a soportar las largas horas de canto y oración. El estilo predominante es barroco, en el que se puede observar en latín una clara influencia del taller de Salvador de Ocampo, autor de la sillería del coro del templo de San Agustín, en la Ciudad de México, ejecutada también a principios del siglo XVIII.
La portada principal del atrio consta de dos pilastras que apoyan en sus capiteles imágenes de santos y sirven de arranque a un arco rebajado, sobre el cual existe un friso ornamentado con grecas cerrado por una cornisa moldurada que apoya un remate mixtilíneo flanqueado por dos pináculos incompletos.
La portada lateral del atrio, más rica en ornamentación que la portada principal, cuenta con un arco rebajado soportado por jambas estriadas que a su vez están flanqueadas por columnas también pareadas de fuste liso y capitel compuesto, sobre las que se apoyan dos pequeños tablamentos con tableros ornamentados con motivos vegetales, entre éstos se desplanta un hermoso remate de forma cornopial con su friso ricamente ornamentado con relieves vegetales y coronado por una cruz de cantera.
Por su parte, la portada lateral a la capilla de Nápoles consta de un arco pinjante ricamente ornamentado con motivos vegetales, flanqueado por dos columnas estriadas con capitel corintio pareadas con otras columnas adosadas de menor diámetro y fuste salomónico con cintas vegetales, entre ambas soportan entablamentos ornamentados con motivos vegetales y cornisas dentadas, sobre éstas se encuentra un remate ornamentado con relieves vegetales y un medallón con un anagrama calado flanqueado por dos pináculos.
La cruz atrial fue removida de su sitio original a un jardín situado a un costado del atrio, consta de un pedestal de cantera que apoya la cruz con sus brazos de cantera octagonales que rematan en una perla isabelina. En la base de la cruz muestra una placa que dice: Esta Santa Cruz fue trasladada del atrio de esta iglesia a este jardín el año de 1838.
En la cara interior de la barda atrial se encuentran adosados doce misterios procesionales y dos más a la fachada del templo. Todos son iguales y constan de dos columnas tritósilas de fuste estriado que flanquean un nicho mixtilíneo, estas columnas apoyan un entablamento con friso almohadillado al que le sigue un remate mixtilíneo con roleos coronado por un jarrón adosado. En los nichos se conservan cruces de cantera con brazos hexagonales.
La fachada del templo tiene dos cuerpos con tres calles, su primer cuerpo contiene su portada que consta de un arco poligonal con decoración floral en sus intrados, sobre de este primer cuerpo se encuentra un friso con ornamentación que representaba a la Virgen de Guadalupe resguardada por monjes de la orden franciscana, flanqueado por dos pares de columnas tristolitas de fuste ornamentado en su totalidad coronadas con capiteles corintios que descansan en bases con ornamentación diamantada al igual que el rodapié de su fachada. En las entrecalles se aprecian dos nichos con esculturas de santos y sobre ellos los escudos de las órdenes franciscana y dominica. Las columnas soportan un entablamento que tiene un friso ornamentado con motivos vegetales y cornisas dentadas, sobre éste descansa el segundo cuerpo, que tiene en su centro una ventana rectangular con marcos abocinados, que ilumina el coro flanqueada por dos columnas tristolitas totalmente ornamentadas, con bases jónicas y capiteles compuestos, que enmarcan un friso totalmente ornamentado cerrado por un entablamento también decorado que soporta el remate de roleos, pináculos y cruz central de cantera, apoyan lateralmente este remate dos aleros mixtilíneos con cartelas y pináculos adosados.
El templo tiene dos torres octagonales de diferentes épocas constructivas, una de ellas con columnas helicoidales y la otra mucho más reciente de estilo neoclásico. Se ingresa al templo por un sotocoro de bóveda de cañón con encacetonados dividido en dos partes por un arco rebajado, que dan paso a la nave mediante un arco con las mismas características. Inmediatamente a la derecha se encuentra la capilla penitencial que tiene una portada interior constituida por un arco de medio punto con elementos de argamasa en su intradós, sobre éste se aprecia un entablamento con friso decorado con triglifos y metopas cerrando con un frontón circular con friso decorado. En el interior se encuentra un retablo con columnas de fuste liso y capitel corintio, frente a éste se presenta otra portada con las mismas características anteriores que da paso a la capilla de Nápoles. El resto de la nave cuenta con retablos neoclásicos en cada uno de sus segmentos y un paso de ronda con barandal balaustrado a la altura del arranque de la bóveda, su transepto tiene brazos cortos y en cada uno de ellos un retablo neoclásico, éste se cubre con una cúpula de tambos con lunetos y planta octagonal a gajos rematada con una linternilla. El presbiterio presenta una reja que lo separa del convento y un retablo neoclásico con columnas de tipo corintio de fuste liso.
La portada interior de la capilla de Nápoles tiene forma semicircular, está construida en cantera y tiene un enmarcamiento ornamentado con motivos vegetales y sobre él un frontón circular con tímpano decorado también con motivos vegetales y una cartela. Su enrejado es de fierro con emplomados. El interior está ricamente ornamentado con argamasa dorada y blanca; en la parte superior de su acceso tiene una reja enmarcada por un friso dentado y encacetonado. Su transepto tiene dos brazos cortos con un altar neoclásico cada uno, las pechinas tienen medallones con imágenes y sobre éstas descansa la cúpula de tambor octagonal con lunetos separados por columnas corintias de fuste estriado, esta cúpula tiene gajos ricamente ornamentados y se remata con una linternilla. El presbiterio que se separa de la nave de la capilla por una baranda de fierro, tiene un ciprés con columnas corintias de fuste estriado y cúpula ornamentada.
Al museo se ingresa por un lado de la portería conformada por tres arcos de medio punto soportados por pilastras a las que se adosan columnas de fuste liso, sobre estos arcos está un pretil liso con gárgolas de cantera. Atrás del pórtico se encuentra un patio en el que se aprecian un pozo de brocal circular de cantera y el acceso a la escalera que desciende a su aljibe, este patio se delimita por una arquería de medio punto soportada por columnas de fuste octogonal y capitel moldurado. Unidos con un antepecho rematado con cantera, sus cuatro corredores tienen piso de losetas hexagonales de ladrillo y cubierta de bóveda de cañón, su claustro alto fue tapiado conservando columnas lisas con arcos moldurados rebajados. En su segundo nivel tiene una capilla doméstica con una portada de cantera con un arco ornamentado con relieves de ángeles músicos y soportado por dos pilastras con fuste ornamentado con ángeles y motivos vegetales.
En la portada de acceso al antiguo hospicio se puede leer una inscripción que dice: Hospicio de huérfanos fundado por el gobierno del estado en 1878. El inmueble se delimita por una barda de cantera que se abre por medio de un arco de medio punto moldurado apoyado en dos pilastras adosadas que se flanquean por dos columnas pareadas de fuste liso y capitel toscano que soportan unos pequeños entablamentos con friso decorado por triglifos y metopas a los que remata un jarrón de piedra, sobre el arco de otro remate ornamentado con motivos vegetales con una placa de mármol al centro que dice: Omnia, Vinci, Labor 16 de septiembre de 1892.
La fachada del edificio constituida por un bello pórtico al que se ingresa por medio de una escalera doble y consta de cinco arcos moldurados de medio punto soportados por seis pares de columnas pariadas de fuste liso que soportan un entablamento que contiene en su friso triglifos profusamente ornamentados con motivos vegetales, cierra el conjunto una cornisa dentada y remata con jarrones de piedra. Su pórtico se cubre con una viguería de madera enladrillado. En el muro resalta la portada del hospicio que consta de un acceso realizado con un arco de medio punto soportado por pilastras que se flanquean por columnas pareadas de tipo tristolitas con un anillo delimitando la tercera parte del fuste y que soportan un entablamento de friso liso y cornisa dentada sobre el que se apoya un frontón triangular abierto en cuyo tímpano se observa un medallón de mármol.
Tras este pórtico se ingresa a un primer patio jardinado con un pozo con brocal de cantera en desuso, por el lado derecho está un pasillo con dos arcos rebajados para acceder al segundo patio en el que se encuentran dos brocales circulares con un arco de cantera que semejan pozos y que su función es abrir el aljibe que cubre todo el patio, frente a éstos está el acceso al interior del aljibe al que se baja por dos escaleras para efectuar su mantenimiento. Actualmente se utiliza como museo y oficinas. A su segundo nivel se ingresa por el portal junto a la iglesia.
En el museo se encuentra la Sala de Torres en la que se exhibe una serie de 14 lienzos ejecutada en 1719 por Antonio de Torres, miembro de una familia de notables pintores: los Juárez. De los temas representados sobresalen por su innovación la Natividad, la Comunión de la Virgen, y por su originalidad el Bautizo de la Virgen.
En la Sala de Cabrera es posible admirar 15 lienzos sobre la vida de la Virgen en los que sobresale la emotividad y suavidad que caracteriza a sus personajes, ejecutados por Miguel Cabrera, artista del siglo XVIII, que sin duda fue el más célebre pintor virreinal. La Serie de la Pasión es un conjunto pictórico excepcional de Gabriel José de Ovalle, notable por las interpretaciones poco usuales de algunos temas. Es probable que la fuente principal de estas representaciones sea la Mística Ciudad de Dios, de sor María de Jesús de Agreda. Se trata de un conjunto lleno de dramatismo evocado a través de un fuerte colorido, contrastes de luz, énfasis en gestos y rasgos llamativos de los personajes.
. La Capilla de la Enfermería se encuentra en el antiguo espacio de oración de los misioneros convalecientes, en este recinto destaca el virtuoso trabajo en cantera de su portada, y la imagen de la virgen del Patrocinio de los Zacatecas, elaborada por Juan Correa. Otra sala del museo es la del Claustro de la Pasión de Cristo, como la crucifixión de Cristo fue un tema que los franciscanos privilegiaron para la enseñanza moral y religiosa, en este lugar las escenas de la pasión están inspiradas en los escritos de los cuatro evangelistas: San Mateo, San Marcos, San Juan y San Lucas. Recientes investigaciones atribuyen esta serie de 28
Durante la guerra de Independencia, en el municipio de Guadalupe destacó la figura de José María Rodríguez quien junto con el cura Antonio Torres y Víctor Rosales, conspiraron en favor del movimiento independista. Hechos prisioneros fueron sometidos a juicio sumario y Rodríguez fue fusilado y mutilado el 3 de octubre de 1814.
Posteriormente, durante la Revolución Mexicana, le correspondió a Zacatecas convertirse en escenario de una de las batallas decisivas de la historia nacional: la Toma de Zacatecas ocurrida en 1914.
En 1835 se desarrolla la batalla en Tolosa entre federalistas y centralistas comandados por Francisco García Salinas y Antonio López de Santa Anna respectivamente, al ser derrotados los federalistas, éstos se refugiaron en el Colegio de Propaganda Fide. En 1845, Guadalupe recibió la categoría de Villa de Guadalupe de Rodríguez, en honor de don José María Rodríguez. En el año de 1878 se inauguró el ferrocarril de vía angosta Zacatecas-Guadalupe. Tras el triunfo de la Revolución Mexicana, en 1918, la Villa de Guadalupe de Rodríguez se erige en Municipio Libre por decreto de la Constitución local, tras su establecimiento en 1917 en la Constitución Federal.
Fuentes de Información:
Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles de Propiedad Federal. Conaculta INAH. 2002.
Museo de Guadalupe Zacatecas. INAH, 2002.
Katzman, Israel. Arquitectura del Siglo XIX en México. Arquitectos y constructores (1790-1920). Ed. Trillas. México. 2ª edición. Mayo de 1993.
Cosío Villegas, Daniel, Bernal, Ignacio, et al. Historia Mínima de México. El Colegio de México. 1974.
Chanfón Olmos, Carlos. Historia de la Arquitectura y el Urbanismo Mexicanos. Volumen II El Periodo Virreinal. Tomo I El Encuentro de Dos Universos Culturales. Facultad de Arquitectura, División de Estudios de Posgrado. UNAM. FCE. 1997.
Maeda Martínez Sonia El coro de la Iglesia y el Convento de Guadalupe, Zacatecas Obra de arte plena de simbolismo.
Palacios Rangel Rosa María
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