BIBLIOTECA IBEROAMERICANA
Centro Histórico. Ciudad de México

Fundado por las monjas concepcionistas, el ex convento de la Encarnación, actual Biblioteca Iberoamericana ha pasado por diversas etapas: desde una reconstrucción; fue utilizado para la entonces Secretaría de Guerra y Marina, hasta el actual destino cultural.

La historia se inicia en 1594, cuando bajo el patrocinio financiero de un señor de nombre Sancho Sánchez Muñoz, quien aportó 20 mil pesos, se edificó este inmueble religioso.

Sin embargo, en uno de esos casos raros de construcción con deficiencias en sus estructuras que se dieron luego de la conquista española, el primitivo convento sufrió un pronto deterioro.

Por lo tanto la primera piedra del nuevo templo fue colocada el primero de diciembre de 1639 y se terminó en 1645. La dirección de la obra estuvo a cargo del jesuita Luis Benítez, mientras que los recursos económicos fueron aportados por Alvaro de Lorenzana, a un costo superior a los 100 mil pesos.

No obstante, hubo cierta lentitud en los trabajos, ya que en 1779 se le tuvieron que realizar algunas modificaciones a la iglesia, así como entre 1880 y 1881 se repararon algunas cuarteaduras en el cubo de la torre poniente, lo que fue aprovechado para concluir la cúpula.

Con la promulgación de las Leyes de Reforma por el gobierno de Benito Juárez, el templo quedó nacionalizado. Empero, por razones que se desconocen quedó abierto al culto público.

Empero, el 10 de mayo de 1918, en los últimos días de la gestión de Porfirio Díaz, el inmueble fue destinado a la Secretaría de Guerra y Marina, dependencia que lo utilizó para guardar su archivo.

Seis años más tarde en plena época posrevolucionaria, quedó bajo el resguardo de la Secretaría de Educación Pública, que determinó crear en ese espacio la Biblioteca Iberoamericana.

En ese mismo año, el artista Roberto Montenegro pintó dos murales: uno en lo que había sido el presbiterio de la iglesia (existe otra versión que asegura que el fresco fue hecho sobre un arco de piedra labrada), que retrata a Fray Servando Teresa de Mier y abajo una carta que dirigió este personaje al Congreso de Anáhuac.

 

La segunda pintura se hizo en lo que había sido el altar mayor; representa geográficamente a las Américas rodeadas de aguas simbólicas.

Con una superficie de 1, 589 metros cuadrados, el templo fue de estilo barroco mexicano con cierta influencia oriental; está precedido de un angosto y largo atrio enlosado, limitado por una verja de hierro sobre un rodapié de cantera, que a su vez está sostenido en tramos por pilastras cuadrangulares de cantera.

Su fachada tiene 6 contrafuertes cuadrangulares también, con forma de paralelepípedo que acusan los tramos de la única nave que tiene, con una bóveda de cañón con lunetos.

En los entrepaños tercero y quinto, se puede apreciar una portada de cantera blanca, integrada por un vano de arco de medio punto que se asienta en jambas con impostas.

Además, esta fachada consta de 2 entradas laterales de tipo barroco, con altos relieves esculpidos en mármol, enmarcados con un par de grandes portones con entrepaños de madera tallada.

La cúpula es de media naranja con tendencia hacia las líneas ojivales, de base octagonal. La iluminación es excelente gracias a sus 8 ventanales.

En cuanto al decorado, éste es moderno: hay cornisas que le dan vista a sus muros lisos, bóvedas de tezontle que descansan sobre arcos y columnas de mampostería y pisos de mosaico. El coro tiene piso y barandal de madera.

Por lo que respecta a la cúpula y la torre, son ricas en ornamentación debido a que están cubiertas con azulejos, lo que produce efectos de color y un luminoso resplandor.

La Biblioteca Iberoamericana atesora en su estructura un importante caudal de historia y belleza arquitectónica. De hecho, está ubicada en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, en la calle de Luis González Obregón, entre Brasil y Argentina.


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