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TEMPLO DEL SAN JAVIER O DEL VERBO ENCARNADO |
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Ciudad
de México
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Situada en una de las colonias más populares de la Ciudad de México como lo es la Roma, la antigua iglesia de Romita, actual Templo de San Francisco Javier o del Verbo o Encarnado se ubica como uno de los inmuebles más antiguos del país con 350 años de haberse erigido. La ermita originaria está relacionada con la organización misional que estableció a su llegada de España, Fray Pedro de Gante en 1525. En esos tiempos, la iglesia se llamó Natividad Atzacalco, cuya segunda denominación se traduce del náhuatl como "visita", bajo la advocación de la Trinidad Encarnada, que posteriormente se conocería como El Verbo Encarnado. Esta construcción se efectuó en el segundo tercio del siglo XVI, posiblemente entre 1535 y 1565. En su inicio fue una capilla abierta edificada en dos niveles que incluía un balcón, desde el cual se difundían las enseñanzas del Evangelio. La parte esencial del templo estaba compuesta por la nave, el coro y el presbiterio, al que en aquella época ingresaban los indígenas luego de ser bautizados. A mediados del siglo XVII fue anexada la torre del campanario. Más adelante, en 1902 es convertida en parroquia cuando se fracciona la colonia Roma. El primero de febrero de 1940 se modificó su advocación y quedó dedicado a San Francisco Javier, aunque la imagen más venerada es la de San Judas Tadeo. Los informes históricos son un tanto vagos; las noticias se remontan a siglos pasados en donde se informa que en ese lugar, se encontraba un cementerio que se llamó de Los Leprosarios. Más adelante, en 1910, el Arzobispado pidió y obtuvo un anexo de la iglesia. De acuerdo a una descripción de 1933, era un templo de forma rectangular con 370 metros cuadrados, de los cuales 285 metros estaban construidos; su antigua construcción era de mampostería de piedra. El techo era de terrado con viguería de madera, mientras que algunos pisos eran de duela y otros de mosaicos de colores. Las colindancias eran con las calles de Puebla, Durango y Morelia, así como con la calzada de la Piedad. Si algún feligrés quería asistir a una celebración eclesiástica a este lugar, tenía que tomar el tren Primavera que tenía la ruta Peralvillo-Correo-Roma. Poco antes, el nueve de febrero de 1931, la Secretaría de Educación Pública declaró a este inmueble como Monumento. Pese a esto, nueve meses después en días aciagos para la religión católica, el templo fue retirado del servicio del culto público y así permaneció hasta 1936, cuando las autoridades lo destinaron al servicio del entonces Departamento del Distrito Federal. Sin embargo, no contaban con la reacción que tuvieron los vecinos, quienes con protestas y plantones impidieron que los gobernantes capitalinos tuvieran acceso al inmueble. Por ello, se devolvió al servicio del culto público. Al parecer el retablo neoclásico original y en su lugar se halla un arco de medio punto realizado en piedra que aloja al Sagrario. El altar es blanco y de caoba, sostenido por dos columnas con capiteles y molduras doradas, en tanto el púlpito es de madera pintado de blanco con adornos dorados. Se pueden admirar esculturas de la Virgen de Guadalupe; la Virgen María; la Inmaculada y San Antonio de Padua. El Nazareno ostenta una vestidura de terciopelo guinda con galones dorados. El techo es de bóveda de ladrillo con una araña metálica con seis velas. De igual manera, cerca del altar hay siete tablillas con imágenes relacionadas con el Víacrusis. La fachada poniente se integra de tres secciones; la parte central data de la época del Virreinato; las otras dos pertenecen al siglo pasado, con una portada con pedestales de molduras dóricas. La reja es de hierro forjado. Por la historia y por su belleza exterior e interior, el templo de San Francisco Javier o del Verbo Encarnado, es una muestra más del importante arte sacro que guarda nuestro país.
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© Derechos Reservados conforme a la Ley, DGPIF, octubre del 2002.