SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN

Ciudad de México

 

Edificado sobre la histórica "Plaza del Volador", el inmueble que alberga la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha cumplido 61 años en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, está situado frente a una fuente en la que se simboliza la esencia de nuestro país: el águila devorando la serpiente.

Sobrio y austero, fiel a los principios del Poder Judicial, el edificio de tres pisos y 7 mil 828 metros cuadrados, fue renovado y remodelado en 1996 de acuerdo al diseño original ya que es considerado Monumento Artístico.

La citada "Plaza del Volador" estaba acotada al norte por la Real Acequia, que una vez cegada tomó el nombre de la calle de Meleros, hoy Corregidora; hacia el sur por la calle de Porta Coeli, ahora de Venustiano Carranza; por el oriente la Real y Pontificia Universidad, de la que sólo queda el recuerdo en la calle que lleva su nombre y por el poniente, la calle de Flamencos, ahora de Pino Suárez.

En el centro de este espacio, fue levantada una estatua del General Antonio López de Santa Anna, labrada por Salustiano Veza, e inaugurada por el Presidente interino, Valentín Canalizo, misma que fuera destruida meses después por una turba popular enardecida que luego profanó la sepultura del que fuera Primer Mandatario en tres ocasiones, y arrastrara la pierna por las calles de la ciudad.

Hacia 1624, la Plaza sirvió como mercado de frutas y legumbres, productos que eran vendidos por los pobladores de Xochimilco. También servía para que se formara la plaza de toros en las entradas de Virreyes o en la solemnidad de la coronación de algún Rey.

Por cierto que ahí se verificó el más notable auto de fe: el de la Dominica in Albis el 11 de abril de 1649, en el que se desarrolló el Tribunal de la Inquisición con notable pompa.

Transcurridos algunos años, específicamente en 1765, el Visitador de la Corona, José de Gálvez dispuso que se reunieran en la "Plaza del Volador" todos los comerciantes en pequeño que "infestaban" la Plaza Mayor, es decir, el Zócalo, ya que le daban un aspecto sucio y desordenado.

Más adelante llegó el Conde de Revillagigedo, quien le dio forma a un mercado; sin embargo la plaza pertenecía aún al Duque de Terranova y fue arrendada por la Ciudad en 2 mil 500 pesos anuales.

Y así pasaron 150 años hasta que el 9 de septiembre de 1932, este enorme terreno fue puesto en venta por el Gobierno sin ningún éxito, debido a que se declaró desierto el concurso por falta de postores, por lo que el gran solar sirvió para construir nuestro máximo templo de justicia.

Hacia 1936, el Titular del Ejecutivo, General Lázaro Cárdenas del Río giró instrucciones para que ese sitio fuese ocupado para alojar a los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El proyecto le fue encargado al arquitecto mexicano Antonio Muñoz García. El edificio es de corte rectangular y dispone de dos patios principales y dos secundarios. Su estructura es de acero; el recubrimiento exterior e interior fue de cantera chiluca y cuenta con amplios corredores abiertos, que están circunscritos pro dos enormes arcos de medio punto, fue inaugurado en 1941 por el Presidente Manuel Avila Camacho, siendo el titular de la SCJN, el Ministro Salvador Urbina.

Israel Katzman en su libro sobre la Arquitectura Contemporánea Mexicana, expresó en relación a esta edificación: "En muchas obras existe una gran simplificación, pero de formas más o menos corresponden a cierta tradición.... lo cual podríamos decir de obras de la cuarta década como la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Debo agregar que considero el diseño de un enorme mérito y una aportación sui generis de Muñoz García, y a pesar de la gran sencillez de formas geométricas que presentan tanto los imafrontes exteriores cuanto las fachadas interiores del gran edificio, ofrecen también reminiscencias tradicionales en los detalles de su exornación pétrea, y que enriquece notablemente el conjunto".

Respecto a los detalles artísticos, se puede decir que al subir la escalinata del pórtico de entrada, se puede admirar la elegante y sólida puerta de bronce que franquea el ingreso al interior. Su estilo pertenece a la corriente Art Decó y presenta cuatro franjas simétricas con tres recuadros cada una, con figuras en alto relieve con temas jurídicos nacionales.

Su autor es el escultor poblano Ernesto Tamariz, quien también realizó artísticos paneles modelados en plastilina y fundidos en bronce, que representan diversas partes de nuestra historia, tales como la Evangelización durante el siglo XVI; la República Federalista en el primer tercio del siglo XIX; la Reforma y el triunfo de la Revolución Mexicana.

Además, se pueden hallar en la denominada "Sala de Pasos Perdidos", frescos del muralista jalisciense, José Clemente Orozco de 1941, acerca de la lucha de los trabajadores, así como las riquezas nacionales.

En los trabajos de restauración de 1996, se colocó granito en lugar de loseta, al tiempo que se conservó la cantera en la entrada principal. Las más de 800 ventanas de madera de pino, recibieron un recubrimiento integral de aluminio en color verde. Sus sistemas de doble cristal y sellado hermético permiten lograr interiores aislados de ruido y polvo.

De igual forma, han sido transformados los cuatro elevadores de la Corte: tres destinados para el público en general y uno para los Ministros; actualmente tienen una combinación de madera y latón en el interior de el INDAABINa, aunque sin perder las características de antaño.

 

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