PIRÁMIDE EL TEPOZTECO
TEPOZTLÁN, MORELOS

Fotografía: Centro INAH Morelos, Fototeca Juan Dubernard

  Tepoztlán es un vocablo en lengua náhuatl, que significa lugar del hacha de cobre, término que posiblemente hace referencia al instrumento que formaba parte del atuendo del dios tutelar Ometochtli-Tepoztécatl. En el símbolo de Tepoztlán se observa un hacha de cobre incrustada en una montaña.
   Por su toponimia, la palabra Tepoztlán proviene de tepozt-tli que significa fierro o cobre y tlan que significa abundancia o lugar, que unidos como tepoztlán, significan lugar donde abunda el cobre.
   Tepoztlán está considerado como uno de los 17 pueblos mágicos de nuestro país. Rodeado por montañas, en sus cerros se han resguardado los dioses, cobijados en la cordillera inmensa que rodea el valle, cuenca de cobre y de techos rojizos, calles encorvadas, empedradas, llenas de ecos y voces que narran lo que va de ayer a hoy y donde se palpa la vida apacible de su gente.
   El municipio de Tepoztlán se localiza al norte del estado de Morelos, a 17 kilómetros de la ciudad de Cuernavaca y a 74 de la Ciudad de México. Se comunica con el Distrito Federal por la autopista México-Cuernavaca, en su desviación a Cuautla y por la carretera Federal Milpa Alta-Cuautla en su desviación a Oaxtepec y Oacalco.
   El territorio tepozteco se encuentra en la ladera sur de la Sierra del Ajusco: existen 2,450 metros de diferencia entre la altitud de su punto más elevado (al norte) y su punto más bajo (al sur), ello origina una rica variedad climática y como consecuencia invaluables recursos naturales tanto florísticos como fáusticos. Su temperatura anual promedio es de 20°C.
   El municipio de Tepoztlán incluye una parte llana que se extiende hacia el este, hacia el valle de Yautepec y una zona montañosa correspondiente a la sierra de Tepoztlán donde se encuentran los cerros Tlahuiltepetl, Chalchilteptl, y Tepuztecatl, que corresponden a las estribaciones meridionales de la serranía del Ajusco. Estas forman a su vez parte del Eje Volcánico o sierra Volcánica Transversal, con alturas superiores a los 3000 metros sobre el nivel del mar.
   Debido a su biodiversidad, y por tratarse de una zona de recarga de mantos acuíferos, en 1937, parte importante del municipio de Tepoztlán fue declarado Parque Nacional, y en 1988, Corredor Biológico Ajusco Chichinautzin, lo que convierte a Tepoztlán en un área natural protegida.
   El área del Corredor Biológico Chichinautzin se localiza en la sierra norte de Morelos y protege la zona intermedia entre los parques nacionales Lagunas de Zempoala y El Tepozteco, que dan lugar a un corredor biológico que asegura la continuidad de los procesos ecológicos y evolutivos de la biota de la zona, además de servir de barrera para evitar la expansión de las manchas urbanas de Morelos y el Distrito Federal. El parque se compone de bosques de pino, oyamel, encinos, matorrales y pastizales y entre su fauna puede destacarse la presencia de especies típicas de ambientes templados como teporingo, conejo silvestre, lince, venado cola blanca y lince, entre otros.
   Históricamente se conoce que en Tamoanchan se establecieron los primeros grupos humanos organizados en lo que hoy conocemos como el estado de Morelos. Esto sucedió alrededor del año 1500 a. de C. Por su parte, el territorio que hoy ocupa el municipio de Tepoztlán estuvo habitado por lo menos desde 1300 años antes de Cristo, pero no se ha podido precisar quiénes fueron sus primeros pobladores. Los hallazgos arqueológicos de cerámica encontrados en el municipio permiten ubicar a la denominada cultura Media Arcaica.
   Años después en la región se reflejó la influencia de dos culturas, la olmeca y la del altiplano central. La primera, que reinó desde el siglo VIII a. de C., se hace evidente en los relieves encontrados en el cerro Cantera en Chalcatzingo; lo que indica que para entonces los olmecas, provenientes de la costa del Golfo y creadores de las famosas cabezas colosales, habían influido sobre grupos que empezaban a desarrollar una cultura local. La segunda cultura se hace presente en el templo de Quetzalcóatl (650 años d. de C.), en Xochicalco, y es el resultado de la congregación de las culturas teotihuacana, maya y mixteco-zapoteca.
   Nuevos descubrimientos arrojaron información de que se desarrollaba en la cultura Xochicalco, tolteca y chichimeca uno de los personajes más importantes: el señor Ce Acatl (una caña) quien nació en Tepoztlán (Amatlán), ahí creció y fue adolescente, más tarde pasó su juventud en Xochicalco, donde adquirió el culto de la serpiente emplumada.
   Los toltecas lo hicieron su jefe supremo en Tula, su capital, donde vivió muchos años y donde impulsó las artes y las ciencias, gracias a su genio magnífico. Víctima de la tentación y de la envidia, se refugió con algunos adeptos en Cholula, de ahí salió para la costa del golfo y murió en Coatzacoalcos (lugar donde murió la serpiente). En Tula mereció él título de Topiltzin (nuestro príncipe). Después de muerto fue considerado como un dios y su influencia en las culturas posteriores fue enorme, entonces se le llamó Quetzalcóatl, héroe cultural incomparable, Ce Acatl Tolpiltzin Quetzalcóatl, quien nació en Tepoztlán.
   En el Códice matritense se pondera lo que era la toltecayótl, el conjunto de creaciones toltecas y se insiste en el papel que en todo ello había tenido el sacerdote Quetzalcóatl: Los toltecas eran sabios. El conjunto de sus artes, su sabiduría, todo procedía de Quetzalcóatl. Los toltecas eran muy ricos, muy felices, nunca tenían pobreza ni tristeza. Eran experimentados. Tenían por costumbre dialogar con su propio corazón. Conocían experimentalmente las estrellas, les dieron sus nombres. Conocían su influjo; sabían bien cómo marcha el cielo, cómo da vueltas [...] Estos toltecas, como se dice, eran nahuas, en modo alguno eran bárbaros. Se llamaban también habitantes antiguos. Eran ricos, porque su destreza pronto los hacía hallar riqueza. Por eso se dice ahora de quien pronto descubre riqueza: es hijo de Quetzalcóatl y Quetzalcóatl es su príncipe. Así era el ser y la vida de los toltecas.   
   A la caída del imperio tolteca, diversos grupos humanos venidos del norte cruzaron la frontera mesoamericana, así llegaron a la región de Morelos los xochimilcas y posteriormente los tlahuicas (1250-1300 d. de C.). Los primeros se extendieron hacia el oriente y el sur, y fundaron Tetela, Hueyapan, Tepoztlán y Xumiltepec. Por lo tanto, en el siglo XIII llegaron a Tepoztlán los xochimilcas, una de las siete tribus nahuatlacas, que según una vieja leyenda, durante el siglo XII emigraron del mítico Aztlán/Chicomostoc (ubicado en el norte del país), y poco a poco se fueron asentando en la cuenca del Valle de México. Los tlahuicas, por su parte, instauraron lo que más tarde se conocería como Cuauhnáhuac.
   La llegada de grupos nahuas al territorio que hoy conforma el estado de Morelos marcó el inicio del posclásico medio. Fueron los xochimilcas quienes ocuparon Tepoztlán y otros territorios al noreste del estado para fundar los señoríos de Totolapan, Tlayacapan, Ocuituco, Tetela, Hueyapan, Tlamilolpa, Xomiltepec, Tlacotepec, Zacualpan y Temoac. Por su parte, los tlahuicas fundaron los señoríos de Cuauhnáhuac, Xiuhtepec, Yauhtepec y Huaxtepec, entre otros.
   Durante este periodo de consolidación, el pueblo de Tepoztlán funcionó como la cabeza del señorío. Abarcaba un extenso territorio que limitaba hacia el norte por Xochimilco, al oeste por Cuauhnáhuac, en el sur por Yauhtepec y Xiuhtepec, y hacia el este por Totolapan y Tlayacapan. Tuvo varios pueblos bajo su dominio de los cuales recibía tributo, como Tepecuytlapilco (hoy San Juan Tlacotenco), Cacatepetlac (Santa Catarina), Acacueyacan (San Andrés de la Cal), Xocotitlan (Santo Domingo), Amatlán y Santiago Tepetlapan.
   Para 1398 reinó en Cuernavaca, Moquiuix, lo que dio inicio al dominio mexica que se extendería hasta la llegada de los españoles. Se sabe que en ese tiempo, la región de Morelos estaba dividida en dos partes: la primera, Cuernavaca y la segunda, Oaxtepec. Esta división tenía como propósito la recaudación fiscal, pues cada región debía tributar diversos productos a México-Tenochtitlan.
   El posclásico tardío estuvo marcado por la hegemonía del grupo tenochca, que tuvo a Tepoztlán como uno de los señoríos sojuzgados por el imperio. En 1428 se formó la Triple Alianza en el Valle de México con los estados de Texcoco, Tlacopan y la poderosa Mexico-Tenochtitlan. Aunque Ixtlilxóchitl adjudica la conquista de Tepoztlán al tlatoani tenochca Izcóatl en 1438, otras fuentes mexicas mencionan que el señorío de Tepoztlán fue conquistado en 1452 por el tlatoani tenochca Moctezuma Ilhuicamina.
   Para la recolección de tributos de los señoríos conquistados por la Triple Alianza, el imperio reorganizó los territorios dominados en provincias tributarias, por lo que el pueblo de Tepoztlán fue agrupado junto con Yautepec, Totolapan y Yecapiztlan bajo el dominio de la Provincia Tributaria de Huaxtepec, El principal tributo que entregaban fue el papel amate, muy valioso en la creación de códices y en la confección de las vestimentas de los dioses, también contribuían con algodón y mantas tejidas. Esta fue la situación que encontraron los españoles a su llegada a la región y que fue registrada en la Matrícula de Tributos y el Códice Mendocino.
   En la zona de Tepoztlán se rendía culto al dios Ometochtli-Tepoztécatl, divinidad del pulque asociada con la fertilidad vegetal y con el viento. El templo del dios Tepoztécatl, ubicado en lo alto de las montañas que rodean al pueblo, fue construido por los tepoztecos de filiación xochimilca, entre 1150 y 1350 d. C. Según un mito mesoamericano, Tepoztécatl fue uno de los 400 (es decir, innumerables) hijos de los dioses Mayahuel y Pantécatl (la diosa del maguey y el dios que descubrió la fermentación del aguamiel para la obtención del pulque). Estos 400 dioses fueron conocidos colectivamente como los centzon totochtli, o 400 conejos. En el edificio fueron encontradas dos importantes lápidas talladas, una con el glifo del rey mexica Ahuízotl y otra con la fecha calendárica 10 Conejo, que corresponde al año 1502, fecha de la muerte de este personaje.
   Los dioses del pulque, entre ellos Tepoztécatl, estaban también asociados a los cultos de la fertilidad al pertenecer como deidades de los cerros al grupo de los tlaloque. Se dice que es por ello que estas divinidades aparecen representadas con un hacha de desmonte en sus manos. En el mito, Tepoztécatl es asociado con el viento, por lo que se le conoce también como Ehecacone, hijo del viento.
   El templo del Tepoztécatl data del posclásico tardío cuando fueron erigidas en una de las cimas de la Sierra de Tepoztlán varias terrazas y un templo que llegó a tener tanta importancia como santuario que llegaban a él peregrinos de regiones tan distantes como Guatemala.
   Su construcción requirió de nivelar la superficie del cerro, cortar la roca, y rellenar y levantar muros de contención. En el lado este de las terrazas habitaban los sacerdotes dedicados al culto de Tepoztécatl, así como sus ayudantes, que se dedicaban además a trabajar el papel amate para elaborar las vestimentas ceremoniales. En el lado oeste levantaron una plataforma de más de seis metros de altura, sobre la que erigieron un basamento piramidal para edificar el templo principal. Este basamento presenta un perfil de talud-tablero saliente con el mismo grado de inclinación que el declive natural.
   El edificio del templo se compone de dos cuartos. La entrada al primero era un vestíbulo y está porticada con tres claros. Al centro del vestíbulo se observa un nicho. Para acceder al cuarto posterior, en el que posiblemente se encontraba una escultura de Tepoztécatl, se atraviesa  un portal sostenido por dos pilares.
   Aunque no se conservó el techo del templo, durante la liberación del edificio, en 1895, el arquitecto Francisco Rodríguez registró material de derrumbe consistente en fragmentos de tezontle y gran cantidad de mortero de cal, lo que hace suponer un techo de mampostería sostenido por una estructura de vigas.
   El templo fue modificado en varias ocasiones. En la primera se cerraron los accesos al recinto sagrado. En la segunda, se le agregaron sillares con relieves que forman una banqueta y una pequeña cornisa saliente. En estos relieves, se han identificado los glifos de los 20 días del calendario sagrado, el tonalpohualli. También se ha detectado la presencia de otros glifos como la corona de la turquesa y el escudo con flechas (chimalli), que llevan a considerar que la banqueta fue construida por la Triple Alianza, y que por lo tanto, esta tercera modificación fue realizada después del año 1452. La controversia ha surgido alrededor de dos sillares que probablemente formaron parte de la banqueta, uno con el glifo del nombre tlatoani tenochca Ahuizotl y el otro con la fecha calendárica 10 Conejo. Lo anterior ha llevado a plantear la tesis de que el templo pudo ser terminado por los mexicas en el año 1502, que corresponde a 10 Conejo, año de la muerte de Ahuizotl, por lo que posiblemente hayan sido colocados para conmemorar la muerte del gran señor mexica.
   Por otra parte, el templo no es una estructura aislada sino que forma parte de la ciudad prehispánica de Tepoztlán, situada a las faldas del cerro donde se lavanta el templo, asentamiento que está parcialmente cubierto por el poblado actual. Las Relaciones Geográficas del siglo XVI describen que los habitantes de Tepoztlán se dedicaban a trabajar la fibra de maguey para producir ropas, sandalias y cuerdas.
   Por lo tanto, en los albores del siglo XVI, la cultura de los habitantes de Tepoztlán era el resultado de varios siglos de mestizaje, en el que hubo constante influencia cultural de los grupos que habitaban en el valle de México. En 1438, Tepoztlán fue conquistado por los mexicas, habitantes de la gran ciudad de Tenochtitlan.
   Con el descubrimiento del nuevo mundo en 1492 y la llegada de los españoles a Tenochtitlan en 1519, se dio la pauta para el inicio de una nueva época en la historia de la región. Ya en 1520 y con vistas a la conquista de la urbe, no podía escapársele al genio militar de Hernán Cortés que el ataque a la ciudad de México-Tenochtitlan sería muy aventurado con el enemigo a sus espaldas. Entonces emprendió la expedición de conquista por las tierras de los tlahuicas.
   En 1521, Cortés comisionó a Gonzalo de Sandoval, para que en compañía de un gran número de tlaxcaltecas y chalcas marcharan desde Chalco a Tlanáhuac. Antes de llegar a Oaxtepec, enfrentaron un recio combate con mexicas y acolhuas, que fueron derrotados. El 5 de abril de 1521 llegó a Tlalmanalco y el día 11 salió de Chimalhuacán y ocupó sin resistencia Yautepec; tuvo un encuentro en el cerro de Zacapalotzin y pasó la noche en Oaxtepec, prosiguió el avance y se detuvo en Jiutepec, para continuar al día siguiente a la fortificada Cuauhnáhuac, que no obstante la resistencia de sus defensores resultó vencida. Así, Cortés tuvo el campo abierto para emprender con éxito la toma de México-Tenochtitlan.
   En 1521 en unas cuantas horas, las tropas bárbaras comandadas por Cortés, quemaron Tepoztlán. El cronista de la conquista, Bernal Díaz del Castillo lo describió así: Otro día muy de mañana, partimos para Cuernavaca y hallamos unos escuadrones de guerreros mexicanos que de aquel pueblo habían salido y los de a caballo los siguieron más de una legua y media hasta encerrarlos en otro gran pueblo se dice Tepoztlán. Aquí se tuvieron muy buenas indias y despojo, Cortés envió a llamar a los caciques por tres o cuatro veces que viniesen en paz y que sino venían les quemaría el pueblo, la respuesta es que no querían venir, y para que otros pueblos tuviesen temor a ello, mandó a poner fuego a la mitad de las casas.
   De tal manera, en abril de 1521, Tepoztlán cayó ante los españoles bajo el mando de Hernán Cortés. Una vez concluida la etapa de la conquista militar de México-Tenochtitlan, el pueblo mexica y sus aliados fueron supeditados a la corona española. En ese momento predominaba en Tepoztlán la cultura náhuatl, con fuerte influencia de los patrones culturales mexicas
   Tras la caída de la metrópoli, el 6 de junio de 1529, el emperador Carlos V otorgó a Cortés el título de Marqués del Valle de Oaxaca, y le cedió una inmensa porción del territorio conquistado, además de 23 mil vasallos. Como el marquesado no constituía una unidad geográfica, sino que las posesiones se encontraban distribuidas en diversas regiones de la Nueva España, en la región de Morelos, Hernán Cortés contaba con 4,100 kilómetros cuadrados, donde Cuernavaca era la alcaldía mayor, que incluía los corregimientos de Oaxtepec y Yecapixtla, otros 80 poblados, ocho haciendas y dos ingenios de caña de azúcar.
   En los primeros años que siguieron a la conquista militar, la población fue atendida por los frailes de Oaxtepec y Yautepec y en 1559 el virrey Luis de Velasco, autorizó el establecimiento de la orden dominica para la conversión de los habitantes, misión que fue encomendada a fray Domingo de la Anunciación, quién derrumbó la representación pétrea del dios Ometochtli y también se dio a la tarea de levantar el conjunto conventual de la Natividad, por lo que la construcción del convento de Tepoztlán dio inicio en el año de 1570 y se terminó en 1580, tras lo cual se comienza la construcción de la iglesia, que se termina en 1588. Este magnífico convento albergó a los frailes dominicos que llegaron para evangelizar a los indígenas de esta zona.
   Hacia 1813, en plena guerra de Independencia, Tepoztlán sufrió graves epidemias de peste y viruela que ocasionaron la muerte de más de 900 personas. Ligado al desarrollo histórico del estado de Morelos y sustancialmente de la nación mexicana, Tepoztlán, vibró ante las inquietudes de la Independencia.
   En 1824 el actual estado de Morelos era el segundo distrito de México, con dos partidos, Cuernavaca y Cuautla de Amilpas, bajo los gobiernos centralistas. En 1895, el ingeniero tepozteco Francisco Rodríguez, con el apoyo de la comunidad liberó la pirámide de El Tepozteco de la vegetación que la cubría, iniciando así los trabajos de restauración del área.
   Con el inicio de la Revolución, en 1910, algunos tepoztecos, entre los que se destacan Simón Rojas, Lucio Moreno y Felipe Tijera se adhirieron a las tropas zapatistas. Los revolucionarios libraron los combates de Huitzilac, Tepoztlán y Axochiapan y hasta llegaron a amagar a la ciudad de Puebla. Los rebeldes se posesionaron de Tepoztlán el primero de abril de 1911. El 15 de junio del mismo año, Francisco Leyva ocupó Cuernavaca. Tres días antes se había instalado la XX Legislatura que nombró como gobernador interino a Aniceto Villamar (oriundo de Tepoztlán) y el 4 de agosto se celebraron elecciones para integrar XXIII legislatura y cubrir constitucionalmente los poderes Ejecutivo y Judicial.
   Por esas fechas, Zapata envió a Gildardo Magaña a conferencias con Francisco Villa, de cuyo contacto resultó la invitación que personalmente fue a trasmitirle a Felipe Ángeles a Cuernavaca, para que asistiera a la convención de generales y gobernadores el 26 de octubre. Los delegados zapatistas llegaron a Aguascalientes, entre ellos Leobardo Galván de Tepoztlán. Posteriormente Pablo González hizo una matanza en Santa Catarina y Tepoztlán en el mes de julio de 1917. En el mes de septiembre del mismo año Gabriel Mariaca y Mariano Sánchez en la serranía de Tepoztlán, apoyaron a Zapata. El 10 de abril de 1919, la tropa de Guajardo, después de rendirle honores a Zapata, disparó sobre Zapata, quien murió al instante.
   En 1935, el general Lázaro Cárdenas, como presidente de la República visitó Tepoztlán. Durante su estancia instituyó una oficina temporal en el atrio de la iglesia, donde la gente del pueblo podía exponer sus problemas. La demanda más importante de aquella época fue la construcción de la carretera Tepoztlán-Cuernavaca, petición que fue satisfecha el 9 de enero de 1936. En esa fecha, el desarrollo socioeconómico del municipio era similar al de la nación en su conjunto, así se instaló el primer cine en 1939 y la primera línea telefónica para el servicio público en el año de 1956, y por último, la energía eléctrica en la cabecera municipal en 1958.
   En 1965, el poeta Carlos Pellicer fundó el museo arqueológico La casa de la paz, que fue inaugurado el 6 de junio de 1966.
Tepoztlán fue hogar de Carlos Pellicer, quien fuera uno de los fundadores de la Escuela Secundaria Jesús Conde Rodríguez, donde apoyó los estudios de muchos jóvenes tepoztecos. También donó a la población su estupenda colección de piezas arqueológicas, las cuales hoy se pueden admirar en el museo que lleva su nombre. El museo está ubicado a espaldas del Ex-Convento de La Natividad. En su sala de exhibición pueden observarse importantes piezas procedentes de las diferentes culturas mesoamericanas, entre ellas destacan los fragmentos de la escultura del dios Ometochtli, localizados en las faldas del cerro del Tepozteco.
   El 27 de septiembre de 1970 se inauguró el auditorio Ilhuicalli o Casa de la festividad. Otro importante recinto cultural se encuentra en el Museo de Amatlán de Quetzalcoatl, situado en la antigua casa de la arqueóloga Carmen Cook de Leonard, quien dedicó su vida a la investigación de Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl, en este museo se pueden apreciar piezas arqueológicas encontradas en la comunidad de Amatlán, y algunas otras pertenecientes a las culturas zapoteca, olmeca, teotihuacana y maya, donadas por la mencionada antropóloga.
   El Museo de Historia de Tepoztlán, ubicado en el Ex-Convento de la Natividad fue inaugurado el 26 de noviembre de 2000 y cuenta también con un Centro de Documentación Histórica y una librería.
   El municipio de Tepoztlán está constituido por ocho barrios, siete pueblos y cuatro colonias oficialmente reconocidas. Cada cual tiene una capilla dedicada a su santo patrono, a quien se le ofrecen una o más fiestas anuales. Entre las festividades se destaca el Carnaval de Tepoztlán, que se celebra por la tarde, durante los cuatro días anteriores al Miércoles de Ceniza; en esa ocasión los chinelos ataviados con el elegante traje de esta danza, brincan (bailan) agrupados en comparsas que corresponden a los distintos barrios. Acompañados de las mejores bandas, portan banderas satíricas y mojigangas (enormes muñecos de cartón). El sábado está dedicado al brinco de los niños chinelos. El carnaval se inició en Tepoztlán durante la época colonial, sin embargo esta costumbre quedó interrumpida durante un largo periodo y fue reiniciada a mediados del siglo XIX. Se desconoce el origen del personaje y de la palabra chinelo, vocablo que puede derivar del náhuatl y traducirse como movimiento de caderas, o derivar de la palabra chinelas, que eran las zapatillas empleadas por los musulmanes. La indumentaria de este personaje parece inspirarse en la túnica de los árabes, y en el caso de Tepoztlán ha evolucionado hasta adquirir gran perfección y elegancia.
   Otra festividad importante es el Reto al Tepozteco; cada 8 de septiembre, a las 6 de la tarde, se lleva a cabo una representación teatral cuyo tema refiere la conversión al cristianismo del último tlatoani o rey de Tepoztlán, quien, según la leyenda, fue bautizado por fray Domingo de la Anunciación el 8 de septiembre de 1538. La representación inicia en la Cruz de Axitla y termina en la plaza principal, y está asociada a la fiesta religiosa que conmemora la Natividad de la Virgen María, patrona del pueblo de Tepoztlán.
   Al igual que en otras partes de la República, el 21 de marzo se congregan en Tepoztlán miles de visitantes procedentes de diversos lugares, para esperar el inicio de la primavera en la Pirámide del Tepozteco donde celebran el equinoccio de primavera, rodeados de una belleza del paisaje tal que arroba el espíritu.
   Tepoztlán es famoso por su antigua tradición de elaborar el papel de amate con la fibra de la corteza de los árboles de amate o de las higueras, muy abundantes en la región. En el pasado, este papel fue muy importante pues se ofrendaba a los dioses; con él se elaboraba el atuendo de las deidades, la decoración de los templos y los códices. Asimismo, Tepoztlán tributaba a los mexicas pliegos de papel, entre otros productos.
   La comida tepozteca conserva en su inventario platillos cuya invención se remonta a la época prehispánica: tortillas, tamales, atole, calabaza cocida, frijoles en caldo, y diferentes salsas. Los días de fiesta, especialmente durante las fiestas barriales, las cocinas tepoztecas desprenden exquisitos aromas: de mole de pepita de calabaza, de mole rojo; de frijoles recién cocinados acompañados de blancos y delgados tamalitos de manteca. También se pueden saborear los ricos itacates (gorditas de maíz con manteca) bañados con crema y salsa y espolvoreados con queso rallado, tlacoyos de fríjol chino o colorado, clemole o cocido, quesadillas, atoles de maíz, de arroz o de diferentes frutas; café o té de hojas de naranjo. También son famosas sus ricas nieves de todos los sabores, como aguacate, rompope, arroz con leche, mango, elote y cajeta.
   Actualmente la mayoría de sus habitantes vive del turismo, con hoteles, restaurantes y locales comerciales en los que se ofrecen todo tipo de artesanías hechas con los más diversos materiales y tipos de manufactura. Pero sin duda, la actividad comercial más antigua y famosa de Tepoztlán se realiza todos los domingos en un lugar muy especial: su mercado, el más pintoresco de la región, en donde se venden artesanías, comida, vestidos, y flores, entre otros muchos artículos.

 
Fuentes de Información:
Canto Aguilar Giselle. Smith Michael, Garza Silvia, Broda Johana, Maldonado Druzo, Marquina Ignacio. INAH 1998.
Enciclopedia de los Municipios de México. Tepoztlán, Morelos.
León-Portilla, Miguel. Aztecas-Mexicas. Desarrollo de una civilización originaria. Algaba Ediciones. 2005.
www.morelos.gob.mx.
Dubernard Chauveau Juan. Apuntes para la Historia de Tepoztlán. 1983.
Palacios Rangel Rosa María