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Fotografía: Conaculta-INAH
El templo Metodista de la Santísima Trinidad se encuentra en el número 5 de la calle de Gante del Centro Histórico de la Ciudad de México, sitio en que estuvo el claustro menor y la portería del claustro principal del Convento Grande de San Francisco que, de acuerdo con la historiadora y cronista Ángeles González Gamio:
Se edificó en el predio que había sido la sede del famoso zoológico del emperador Moctezuma, del cual hace una detallada descripción el soldado-cronista Bernal Díaz del Castillo, quien menciona, entre otros muchos datos, que además de toda clase de aves, mamíferos y peces, tenía enanos, albinos y personas deformes, que eran cuidadas y alimentadas con todo esmero por los cientos de personas que atendían el que sin duda fue uno de los primeros zoológicos del mundo.
Los franciscanos fueron la primera orden en llegar al nuevo continente; se dice que su primer convento estuvo cerca de la Plaza Mayor. Las construcciones iniciales fueron muy modestas, obedeciendo al espíritu austero que caracterizó a los primeros frailes, que arribaron recién realizada la conquista. Esta parquedad se fue perdiendo al paso de los siglos, y en el XVIII, cuando reconstruyeron el convento, que había padecido severos hundimientos, lo hicieron a todo lujo.
Esta maravilla, que llegó a abarcar 32 mil 224 metros cuadrados -el equivalente a dos manzanas completas-, contaba con jardín, huerta, cementerio, comedor para 500 personas, templo, 11 capillas magníficas, enfermería y 300 celdas; tras la exclaustración fue mutilado para abrir las calles de Gante y 16 de Septiembre, y después fue fraccionado y vendido a particulares, quienes, en su mayoría, destruyeron las edificaciones, salvándose únicamente cuatro de ellas, y algunas quedaron fragmentadas, como los restos de la sala de Profundis, que se encuentran dentro de la panadería La Ideal...
Si nos remontamos a 1524, en ese año se produjo la llegada de la primera misión franciscana conocida como de Los Doce, miembros de la Orden de Frailes Menores de Observancia, encabezados por fray Martín de Valencia, quienes venían provistos de la bula omnímoda, que contenía además de amplísimas facultades eclesiásticas, un mandato apostólico para establecer la iglesia en México. A este grupo se le unió el lego fray Pedro de Gante, quien había arribado un año antes. Se instalaron provisionalmente en una casa situada en la manzana que forman las actuales calles de Justo Sierra, Guatemala, del Carmen y Argentina, mientras construían su convento a expensas del conquistador Hernán Cortés. En 1525 tomaron posesión del sitio que se les asignó para la fundación de su monasterio en donde había estado la casa de las fieras del emperador Moctezuma.
Así surgió la capilla abierta de San José de los Naturales de la capital de Nueva España fue la primera iglesia que en esta tierra se hizo, según fray Pedro de Gante. Data de 1527-1530 y se ubicaba en lo que hoy es la calle de Madero, entre el Eje Central y la calle de Gante. Existió antes que la iglesia cerrada de San Francisco y constaba originalmente de una sola crujía con siete arcos al frente -en el central se hallaba el altar- que daban hacia un atrio amplísimo para recibir a los indígenas que venían a escuchar la misa desde los pueblos de los alrededores de la ciudad. Esta capilla abierta se creó cuando a algún fraile se le ocurrió poner una imagen bajo el techado del patio, lo que posibilitó su veneración y la idea de que se podía oficiar la misa en el lugar. Este fue el surgimiento de las capillas abiertas que tanto proliferaron en todo México.
Cervantes de Salazar la describió en 1554: cuenta con cuatro capillas posas y un camino procesional señalado con árboles, además de una gigantesca cruz de madera en el centro del atrio. El célebre arquitecto Claudio de Arciniega proyectó el Túmulo Imperial que allí se edificó a la muerte del emperador Carlos I de España y V de Alemania; también amplió la capilla en tres naves a todo el ancho, de siete tramos cada una.
En 1525 se edificó la iglesia que más tarde se denominó iglesia grande, cuyo presbiterio estuvo cubierto por una bóveda, obra de un cantero castellano. En 1527 se derrumbó y, por órdenes del presidente de la Primera Audiencia Nuño Beltrán de Guzmán fue reconstruida, también se le alargó el coro por medio de arcos. Fue reedificada una vez más en 1590 por el arquitecto fray Francisco de Gamboa que la concluyó en 1602, aunque su deterioro fue constante debido a las constantes inundaciones que en ese entonces sufría la Ciudad de México.
La importancia del Convento de San Francisco fue tal que se erigió como uno de los referentes más importantes sobre los asuntos religiosos, políticos, económicos y culturales, de tal suerte que al monasterio llegaban decenas de carretas cada día tan sólo para abastecer de víveres a los religiosos franciscanos que allí moraban. No resulta exagerado afirmar que se trataba de una ciudad dentro de otra ciudad.
A mediados del siglo XIX, el convento ocupaba una muy extensa superficie limitada al norte por la calle de San Francisco (hoy Francisco I. Madero) al poniente por la avenida San Juan de Letrán (Eje Central Lázaro Cárdenas), al sur por la calle de Zuleta (Venustiano Carranza), y al oriente por casas particulares; además de otras dependencias que estuvieron fuera de estos límites. Según el plano publicado por García Cubas en El libro de mis recuerdos, el recinto constaba del templo grande de San Francisco, once capillas y otras dependencias construidas en diferentes épocas: atrio, claustro exterior, portería, claustro principal, cocina, antesacristía, jardín y panteón, sala de profundis, salón del refrectorio, patio del noviciado, galería y capilla de enfermería, claustro y celdas de los religiosos, patios de los diversos departamentos, bodegas, y claustro de la calle de Zuleta, entre otras.
En 1856, al ser descubierta en este convento una conspiración contra el gobierno, el presidente Ignacio Comonfort expidió un decreto por el que suprimía a la Orden y se disponía la apertura de una calle que lo dividió en dos partes al prolongar el callejón de Dolores hasta San Juan de Letrán, también se demolieron los edificios y se ocuparon los terrenos para su utilidad pública.
Este decreto abrogó el convento y declaró bienes nacionales los que hasta entonces habían pertenecido a la Orden, con excepción de la iglesia principal y las capillas. Por esos años la huerta fue fraccionada para viviendas. El arquitecto y agrimensor Manuel María Delgado dirigió la demolición del inmueble para unir las actuales calles de Independencia y 16 de Septiembre. Como resultado de las gestiones realizadas por un grupo de liberales, los franciscanos pudieron regresar al convento en la parte que les fue asignada por las autoridades. En esa época aún se conservaban once de sus capillas.
A raíz de las Leyes de Reforma, la Orden fue suprimida definitivamente. En 1861 la iglesia grande quedó cerrada al culto y fue desmantelada, lo que ocasionó la destrucción de parte de los retablos, así como las tribunas y la sillería del coro, mientras que algunas pinturas fueron trasladadas a la Academia de Bellas Artes. Con la finalidad de prolongar la calle de Betlemitas (hoy Gante) se inició la demolición de otra parte del convento y de la Capilla de los Servitas, y se bajaron las campanas.
El convento fue dividido en doce lotes que se remataron en subasta pública. El lote formado por el claustro y la antesacristía fue adquirido por Eulalio Delgado quien, a su vez, vendió una parte a Jean Perrot en 1864. En 1866, Giuseppe Chiarini decidió instalar un circo en el claustro, por lo que abrió una comunicación hacia la actual calle de Gante, mientras que las caballerizas quedaron instaladas en la iglesia. Estas obras fueron realizadas por el arquitecto Luis G. Carrillo. Ante el fracaso de la empresa de Chiarini, los propietarios enajenaron la posesión a James Sullivan, quien la vendió en 1870 a la Compañía de la Iglesia Episcopal Metodista de Nueva York.
En 1873, lo que alguna vez fue el claustro se acondicionó para la celebración del culto metodista, por lo que el 24 de diciembre de ese año se dedicó la iglesia a la Santísima Trinidad. Un arquitecto estadounidense proyectó la fachada en un estilo gótico muy abreviado que se construyó en mamposteo recubierto de aplanado. Actualmente el claustro está cubierto con estructura metálica, la construcción de tres niveles entre la calle y el claustro mayor se realizó en el siglo XIX, tiene muros de tabique, piedra y tezontle. Sus entrepisos y cubierta son de concreto y de forma plana. El recinto templario de esta fachada cuenta con un tragaluz que no corresponde con la arquitectura barroca del claustro mayor, En su interior, después de un pasillo se llega al claustro mayor del convento que aún muestra su esplendor a los visitantes.
El inmueble fue declarado Monumento el 16 de diciembre de 1931 e incluido en el Diario Oficial de la Federación el 11 de abril de 1980.
Fuentes de información:
Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles de Propiedad Federal. Conaculta-INAH. México.2002.
Arquitectura Religiosa de la Ciudad de México. Siglos XVI al XX. Una Guía. Asociación del Patrimonio Artístico Mexicano, A. C. México. 2004.
González Gamio, Ángeles. Vivir en el Centro Histórico. Periódico La Jornada. 15 de mayo de 2005.
www.ordenjuridico.gob.mx
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